
Concha San Juan
Spinoza sabía que el lenguaje tenía cautivo al imaginario humano; que tras esa agudeza que creía hablar con libertad, se ocultaba la primera trampa esencial de la palabra: imponer, a quien hablara, la representación material y determinada de su imaginación.
Entendió que, para libertar al pensamiento, necesitaba conocer su génesis y dotar al verbo de expresión.
Por eso tomó su lente, aprendió a pulirla, y miró por ella.
pero LA PALABRA,
necesaria también
en su justa medida,
la precisa
en el espacio y en el tiempo.
Aquella PALABRA que es capaz
de trascenderse a sí misma.
Comment por la concha — Abril 12, 2009 @ 7:22 pm |