Desde el Calvario

Julio 22, 2008

Enmienda

Archivado en: Contextos — Trini @ 8:50 pm
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De repente escuchó lo que había oído decir a su amigo: “Hay dos formas de llegar al desastre, sostener lo imposible y retrasar lo inevitable”. Entonces alzó los brazos, alcanzó la viga, acarició el nudo que había atado con esmero, agarró la soga, deslizó la cabeza, liberó el cuello y se desató.

Julio 18, 2008

Ensueño

Archivado en: Contextos — Trini @ 11:18 am
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Xavier Gascó

Xavier Gascó

Se encuentra bajando la empinada escalera de cemento que divide en dos los huertos que hay bajo el muro de la carretera, y que hoy, de manera incomprensible, están situados en frente. La oscuridad de la noche oculta el singular paisaje que ella recuerda. A través de las finas suelas de sus zapatos siente la dureza de los cantos rodados incrustados en el hormigón. Con cada paso, como si activará un invisible interruptor, se va iluminando un escalón que vuelve a la penumbra cuando se enciende el siguiente. El tiempo no cuenta, ni la distancia cuenta, sabe que ha de llegar abajo para empezar a subir, y sabe también, que no es un descenso geográfico; que va de la gloria al más profundo de los infiernos. Continúa lentamente, con la cadencia de la tristeza y desazón que provoca el orgullo mutilado.

Un estrecho rellano espera al final de la escalera. Se entretiene un instante contemplando la densa negrura que impide percibir cualquier aroma, ni siquiera el de la hierbabuena que puebla los ribazos de los huertos.

Tiene las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, pero no las siente. Parece que se hayan fugado sus sentidos, quizá conserva la vista aunque sólo vea sombras, o ni siquiera sus ojos estén abiertos y todo sea imágenes almacenadas en su pensamiento que desde hace un rato ha empezado a bullir. Frases inconexas mezcladas con recuerdos corren por los laberintos de su cerebro en la búsqueda desesperada de una salida. La puerta está arriba, al final de la escalera, ha de subir aunque le pese. Y una vez arriba, cruzar la carretera del pueblo y enfrentarse a la indiscreción de sus vecinos. ¿Cuál es pues el dolor más doloroso?

Paso y medio separan el último escalón de bajada del primero de subida y comienza el ascenso.

Las piedras de río aparecen ahora mojadas, aunque no ha habido lluvia que refrescara su sueño. Con paso firme, a pesar de su cobardía, afronta el terrible desnivel. Un simple resbalón podría hacerla caer y que su cuerpo rodara escalera abajo llevándola de nuevo al infierno.

El último peldaño la separa de sus miedos, cierra los ojos para esconderse del grupo que la espera al otro lado, y avanza. Con el suspiro que se escapa de sus labios cerrados, gentío y carretera se desvanecen.

La noche en el pueblo es menos oscura. Pequeñas farolas, como luciérnagas en espera de macho, cuelgan de las paredes y una liviana luminiscencia encandila las calles vacías.

Alguien le dice “buenas noches” y buenas noches contesta, pero no ve a nadie, ni siquiera sabe si lo ha oído.

Camina pensando que amanece, que el negro se está haciendo violeta.

Julio 5, 2008

Atracción

Archivado en: Contextos — Trini @ 9:33 pm
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Me envían del periódico a cubrir el estreno de la nueva atracción en el parque temático. Se trata de “Huracán Cóndor”, una columna metálica de cien metros de altura, a la que se sujetan dos plataformas con capacidad para cuatro personas sentadas en cada una y que miran en direcciones opuestas. La ascensión dura veinte segundos y una vez arriba, las sillas, realizan un giro de 360 grados entorno al pilar, para inmediatamente después descender en caída libre. Habría sido tan sencillo como copiar la ficha con los datos técnicos de la entrada y esperar la reacción de los primeros atrevidos, pero me apetece ir más allá y vivir la emoción para después contarla.

Llega mi turno, las risas nerviosas, de mis compañeros de cola, se congelan al cruzarse con las miradas desorbitadas de los que acaban de bajar. Tampoco será para tanto, pienso mientras me siento. El encargado de seguridad comienza a dar instrucciones, los cinturones bien apretados y la espalda recta apegada al respaldo. Las chancletas y los bolsos mejor dejarlas abajo. No llevar nada suelto que se pueda perder. Cuando todo le parece estar correcto, acciona un dispositivo que deja caer unos rígidos tirantes sobre los hombros de cada uno de nosotros, y que se fijan a la altura de la cintura con unas anillas donde podemos agarrar las manos.

En el mismo instante en que nos arrancan del suelo comienzan los nervios, en solo un segundo la altura supera las cabezas de los que esperan y los gritos, aun tímidos, se mezclan con risas bobas. A medida que subimos va aumentando la velocidad y las carpas y pabellones se quedan pequeños. No hay nada bajo mis pies. El cuerpo se me pega al asiento. La mente parece subir unos metros por debajo. La altura es enorme. Se alcanza a ver el mar. Siento miedo. ¡Que paren ya! ¡Que me dejen bajar! Mirando la lejanía no siento vértigo, o si que lo siento, no sé que me pasa. Mis oídos se taponan, grito y mi boca se queda desencajada, no me responde, no tengo aliento. Seguimos subiendo ¡Qué horror! ¡Esto es eterno! ¡Mamá! ¡Si veo la casa de la abuela! ¡Dios mío! ¡Quiero bajar!

Un suave clic anuncia que la ascensión ha terminado, la plataforma quieta, sonrisas sordas se mezclan con lágrimas frenéticas, involuntarias. Tengo las uñas clavadas en las palmas de mis manos. Me destenso. Un giro lento nos ofrece una esplendida panorámica, del mar a la montaña en un silencioso suspiro y vuelta al mar.

De repente: ¡Aaah!

El encargado nos ha desatado, me ofrece la mano, no acierto a levantarme, mejor espero que baje mi estomago.

Huracan Condor

Junio 24, 2008

Alevosía

Archivado en: Contextos — Trini @ 9:11 pm
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http://www.a-normal.org/wp-content/img492.jpg

No ha dejado que suene el despertador; lo puso temprano a pesar de ser festivo, pero no ha dormido. Está inquieta. Sabe que el día no será fácil. El amanecer blanquecino se cuela por la ventana entreabierta. Afuera continua nevando. Aun sin levantarse, sentada a los pies de la cama, presta atención al silencio. La casa parece sumida en una angustiosa calma, impropia de un hogar lleno de niños.

Lleva meses preparando el momento, reuniendo equipo, utensilios, cachivaches y herramientas que le ayuden a que su plan sea perfecto, nadie sabrá que ha sido ella. Dispone de una hora para organizar el escenario y simular un allanamiento antes que despierten sus hijos. Después, ya no habrá tiempo. Todo se resolverá en cuestión de segundos, así ha de ser.

Con mucho cuidado de no hacer ruido se mete en la cocina y cierra la puerta. En el primer cajón, aún está empaquetado el cuchillo que compró para la ocasión, -Ha de estar bien afilado para que el corte sea limpio,- le dijo el Najas cuando se lo vendió,-Lo sujetas con firmeza y desplazas el filo, parecerá obra de un cirujano. Desenvuelve el paquete y sujetándolo con un paño limpia la hoja de acero. Lo deja en espera sobre la mesa.

En el salón hay mucho trabajo que hacer. Pretende fingir que hayan pasado por él varias personas, no le conviene una sola. Desplaza muebles aparentando tropiezos. Sopla en la chimenea y una pequeña nube de cenizas se esparce por el suelo. Deja caer un sobre cerrado y vacía el contenido del arcón a un paso de la ventana.

Del piso de arriba empiezan a llegar los primeros ruidos. Alguno ya se ha despertado. Contempla la sala, todo listo. Respira hondo y sale cerrando la puerta. No hay vuelta atrás.

Con voz segura les llama desde el pie de la escalera, -¡Niños, bajad ahora mismo!-. Vuelve a la cocina, coge la bandeja con una mano y agarra el cuchillo con la otra. Espera.

En unos segundos se oye una marabunta escaleras abajo y un griterío infantil irrumpiendo en el salón. Es el momento. Toma aliento.

Entra unos pasos tras ellos y les observa conmovida. Y mientras los niños excitados, se abalanzan sobre los regalos de reyes, ella comienza a partir el roscón.

Junio 20, 2008

Lugares

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bailarina-victoria

La “Bailarina” encontró su sitio.

¡Eso me lleva por delante!

Junio 11, 2008

Inspiración

Archivado en: Contextos — Trini @ 1:04 am
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Giants of Delft

Llevo días sumida en la lectura de “Giants of Delft”, de Robert D. Huerta. Me lo regaló un buen amigo que supo ser oportuno. Es interesantísimo, útil y muy apropiado, si no fuera por un pequeño detalle: está en ingles, y no hay traducción al castellano que es la única lengua en que sé leer. Por suerte, cuento con la ayuda de un artilugio traductor, un diccionario y el inestimable apoyo de mis personajes. Desde que se han instalado en mi casa lo compartimos todo.

Hoy, aprovechando un ratito que han dejado de sonar las canaleras, mis chicos y yo, hemos salido a dar un paseo por el campo. Ha sido divertido. Antony, andaba loco por atrapar una rana y enseñarnos la membrana de entre los dedos del anfibio; le ha costado, pero con los pies en un charco y el ejemplar en las manos, se le escapaban las palabras relatando la primera vez que puso uno de estos bajo la lente de su microscopio. Jan, nos ha descubierto los distintos amarillos que coronan las ontinas, y los grises, azules o verdes con que se visten los romeros. Los otros dos, como siempre, caminaban a lo suyo, he creído entender que le rogaban al Cielo una noche despejada, parece ser que este mes, se produce un acercamiento entre Marte y Saturno, y les fastidia tanta nube que les priva del cortejo. Guillermo me ha sorprendido, caminaba despacio haciendo equilibrios para no embarrar sus zapatos de piel de becerro, yo he ajustado mi paso al suyo ofreciéndole el brazo pero, muy cortés, lo ha rechazado; nos quedábamos rezagados, cuando, en un cuchicheo impropio de su talante, me ha pedido que me contuviera, que tenía algo que contarme. Al poco, la distancia del grupo le aseguraba confidencia, y así, entre las viñas, con la misma serenidad con que saborea un vaso de vino, me ha revelado su secreto.

Es época de floración y la humedad refuerza el aroma que envuelve los ribazos; innumerables escorrentías ponen música al vuelo exhibicionista de las golondrinas, y el monótono canto del carpintero anuncia más días de lluvia. Mis Gigantes y yo, mañana, retomaremos la traducción.

Mayo 21, 2008

Carácter

Archivado en: Contextos — Trini @ 9:48 pm
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www.moderna.org/lookatme Le gusta venir por las tardes a tomar café en esta cafetería, enfrente justo de “la finca de la abuela”, como llamaba su padre, al edificio de cinco plantas del otro lado de la calle. Hace unos meses, un gran cartel anunciaba la próxima construcción de una decena de pisos de lujo, y en la última semana, desde que vio como iniciaban las obras, no ha faltado ninguna tarde. Siempre se sienta en la misma mesa junto a la ventana. Hoy se interesa especialmente, han terminado el derribo del bloque y las excavadoras trabajan quitando escombro.
Nadie de su familia vivió nunca en esa casa, pero la llamaban así porque fue la abuela quien la levantó, el primero de unos cuantos edificios que construyó cuando el abuelo la abandonó.
A su padre siempre le gustó contarle historias de la abuela, y ella le escuchaba fascinada por aquella mujer con tanto arrojo. Se pasó lo primeros años de casada de embarazo en embarazo y casi siempre sola. El abuelo, trabajaba en el puerto trayendo barcos de legumbres del otro lado del atlántico, y al parecer, siempre llegaba a casa cuando los niños dormían, nunca tenía tiempo para ellos. Manejaba mucho dinero, eso sí, les puso una sirvienta que ayudara con la casa y los hijos, les llenaba de regalos, pero su padre solo recordaba haber pasado un domingo con él. Cuando tenían ya cinco hijos, un buen día, como el que se va a por tabaco, el abuelo salió de casa y nunca más volvió. Ella, consciente de las numerosas amantes que rondaba, seguramente pensó que era lo mejor que podía pasarle y no soltó ni una lagrima. Al día siguiente, le contaba su padre, la abuela empezó la cimentación del solar que acababan de comprar para su nueva casa, y no fue la única. Contrató más servicio que cuidase de sus hijos y siguió trayendo legumbres en nombre de su marido. Cuando terminó el edificio, en lugar de habitarlo alquiló los pisos y, poco a poco fue invirtiendo los beneficios en la construcción de inmuebles. Veinte años después, sin haber recibido una sola noticia de su marido, el estado la declaró viuda y dueña del patrimonio. Desde entonces la familia ha vivido de rentas.
El año pasado, un promotor ofreció una indecente cantidad por “la finca de la abuela” y su padre, que ya estaba muy enfermo, le dio permiso para venderla. Murió poco después, pero antes, un día que se encontraba mejor vinieron los dos a la cafetería. Se sentaron en esta misma mesa, y fue aquí donde su padre le entregó la única fotografía que conservaba de la abuela. La había tomado el abuelo en un paseo por Viveros, justo el día antes de desaparecer. También le confesó, que nunca se creyó la historia del abandono, y que cuando escavaren para cimentar el nuevo edificio no le extrañaría que apareciera el eslabón perdido de su familia.

Mayo 9, 2008

Gilipollas

Archivado en: Contextos — Trini @ 6:01 pm
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Te he soñado en un discurso precioso, -le cuenta mientras se despereza-. Vestías lealtad y escrúpulos, hablabas de equidad y desarme…

La carcajada presidencial que ha interrumpido sus palabras ha hecho temblar las paredes de su casa blanca.

 

 

Autonomía

Archivado en: Contextos — Trini @ 5:07 pm
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Se acostumbró a comprar y cocinar para dos, a fregar dos servicios y lavar dos mudas.
Aprendió a pensar en plural.
Sin saber como, un día, vio su congelador lleno, le sobraba cocido y caducaba la leche. La pila de platos estaba limpia y la ropa planchada.
Cuando descubrió que era tan sencillo como cambiar de pasillo en el supermercado, se encontró todo el tiempo que había perdido.

Abril 21, 2008

Fragmento

Archivado en: Contextos — Trini @ 7:55 pm
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      Por la tarde se viste su chándal y sube al andamio. Lo han colocado en el salón. Armada con una picoleta comienza a picar las paredes, dos paredes que dan a la calle. Lo decidieron anoche, cuando ya solos, cansados por la dura jornada, se quedaron mirando el desconchado por el que aparecía una piedra grande y blanca; al instante coincidieron en que eran sillares que había que destapar. De vez en cuando Néstor entra al salón y sube con ella, poco a poco las van desnudando. El encierro de más de cien años en cemento no ha robado ni un ápice de dignidad a cada bloque.Sant Jordi Con cada cascote de encalado que cae al suelo la pared va respirando, cobrando vida. Cada sillar muestra orgulloso los golpes de pico con que el picapedrero lo recortó en la cantera. Tantos años de personalidad reprimida, tantos de belleza escondida. ¡Ni uno más! No serán ellos quienes la censuren, no cubrirán ni una mueca, le devolverán ese carácter arrogante, esa regia humildad que nunca debió ser violada. Porque así va a ser la casa, libre. Ella tendrá la gentileza de habitarles y ellos la correspondencia de habitarla.

Abril 18, 2008

Una de “Dardos”

Archivado en: Contextos — Trini @ 4:31 pm

“La I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con el reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personal, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas”.

Esta semana, dos generosos amigos, Ángeles Jurado y Alexis Ravelo, han tenido a bien sorprenderme con su Dardonominación. Tengo entendido que, copiando el texto de arriba en una entrada y añadiendo sus enlaces en la misma, he de nominar yo ahora a quince blogs de entre mis favoritos, cuyos autores pueden, asimismo, nominar a otros quince cada uno…

Vayan, pues, con un fuerte abrazo, mis preferidos:

Sinaja tiene quien le escriba
Ceremonias
Nueve puertas
Buenas intenciones
Insula Negra
Cadáveres bien parecidos
Señales de humo
Batido de estricnina
Duda razonable
La vela y el vendaval
Los ojos de Peter Pan
Tangos, princesas y aullidos sin herida
Encorazonado
El ignorante atrevido
Más que palabras

Abril 15, 2008

Consciente

Archivado en: Contextos — Trini @ 5:56 pm
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Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigada, decidí seguirme. Colgaba de mi brazo una bolsa de papel, de esas comerciales con el asa dura. Bastante usada por cierto, hace tanto que no voy de compras que no la renuevo. Se apreciaba, por los pliegues, que dentro había un pequeño objeto de poco peso.

Doblé la calle y enfile por Bravo Murillo con una rapidez que me sorprendió. No se me notaba el cansancio de toda la mañana pateando la ciudad en busca de trabajo. Llamando a puertas y más puertas, para escuchar siempre la misma respuesta: Lo sentimos, su perfil no reúne las condiciones que necesitamos. Volvía tan agotada que no sé de donde salió esa energía.

Unos pasos por detrás me vi la espalda, mi delgadez empezaba a ser preocupante. Los tirantes de la camiseta verde que llevaba puesta, descubrían mis hombros huesudos. Ni siquiera los rígidos vaqueros ocultaban mis piernas famélicas. Tendría que hacer algo, no podía seguir así. ¿Cuánto se resiste con una comida diaria?

Al final de Bravo Murillo está la tienda de muebles que tanto me gusta, seguro que por mucha prisa que llevase también me paraba. A si fue. Una vez más observaba esos preciosos cuadros para la cocina de mis sueños. Tres cerámicas con pinturas de legumbres, tan realistas que incluso se huelen a través del cristal. Bajé la mirada al suelo para seguir caminando, cada día mis ilusiones estaban más lejos.www.percepnet.com/cien06_06.htm

Tomé la calle de la izquierda, la que pasa por la puerta del Cuyás. Ya no entro a coger el programa como hacía antes. Venía por lo menos una vez al mes. Mi sueldo, siempre escaso, me concedía pocos caprichos, pero en lugar de salir a cenar sola, me gustaba venir al teatro. Me permitía una obra de vez en cuando, era mi recompensa. Ahora pasaba de largo.

Encontré rojo el semáforo que atraviesa la carretera del centro. Un par de peatones esperaban conmigo. Una señora mayor situada a mi derecha y que agitaba con tanta fuerza su abanico que el aire llegaba a mi nuca despejada. Y un señor leyendo el periódico, del que no levantó la vista ni cuando aquella ambulancia pasó a toda velocidad con la sirena encendida.Me pareció extraño el camino que llevaba en esa tarde de calor. Solo en una ocasión había cruzado al barrio de enfrente, a Vegueta. Los de mi clase no podemos vivir en el. Las viviendas son edificios regios, palacetes de cuando llegaron los castellanos y fundaron la ciudad. Calles adoquinadas que confluyen todas en la Plaza de Santa Ana, donde se concentran las mejores tiendas. Establecimientos de lujo en los que nunca podré los pies.

Mientras se ponía verde, con la mirada en el suelo, como buscando la dignidad que me parecía haber perdido con el trabajo, me di cuenta de lo que en ese instante pasaba por mi cabeza. Un alegre recuerdo. Sin embargo, no tenía la fuerza suficiente para colocar un gesto emotivo en mi cara amargada. Evocaba aquella ocasión, cuando, por primera y única vez en mi vida, me permití un capricho caro. Fue en aquel paseo por Vegueta, acababa de cobrar la paga extra y la dejé entera en una joyería. Compré el anillo más hermoso que he visto nunca y me lo regalé como si un espléndido pretendiente hubiera pedido mi mano. Después me dio vergüenza usarlo y lo guardé en el cajón de mi mesita. Y allí debe estar, hace tiempo que ni lo saco de su estuche, cada vez que lo miro lamento haber caído en la tentación de comprarlo.

Cogí la calle Ruzafa, dirección centro. Que curioso, justo la misma donde adquirí la sortija. Pero esta vez no me detuve, continué caminando unas manzanas más sin saber a donde me dirigía. De repente, casi a las afueras del barrio, me paré en un portal. Un cartel amarillo que colgaba de uno de los balcones, anunciaba en letras grandes y negras: “Compro oro y joyas”. Mirando con tristeza al interior de la bolsa abrí la puerta y entré.

Entonces comprendí a que había venido, pensé que era algo que debía hacer sola y decidí esperarme afuera.

Abril 9, 2008

Desconcierto

Archivado en: Contextos — Trini @ 9:08 pm
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Recuerdos, Picasso

 

 

 

Soñé que mientras dormía, un ladrón asaltaba mi memoria. Me dejaba sin pasado cargando en su saca mis recuerdos, y me cubría de olvido.

Al despertar descubrí el pasado, que ileso, me había olvidado a mí.

 

 

 

Abril 4, 2008

… página.

Archivado en: Contextos — Trini @ 7:01 pm

 

Os lo advertí. Ahí va otro pedacito de proyecto. Espero vuestra crítica.

 

Un precioso tapiz de más de tres metros de anchura, protagonista indiscutible en la decoración del salón, cuelga de una de las paredes. Una escena en la isla de Cranae. Flores y frutos carnosos, cariátides y amorcillos tejidos en seda y lana, son testigos de la declaración de amor entre Paris y Helena, que, ajenos a los soldados del fondo, descansan en primer plano sentados bajo un árbol. El sonido del agua se funde con hilos de plata y oro en las manos del serafín que corona la fuente, y que discreto, les mira desde atrás.

Pieter le ha pedido que espere después de hacerle pasar, y la belleza de Helena de Esparta le mantiene absorto frente al paramento.

─He oído decir que pintó un poema.─ Exclama el joven Guillermo irrumpiendo en la habitación.

─¿Cómo dice?─ pregunta Johannes distraído.

Arrogante y airoso, cruza la estancia sin mirar a Vermeer. En la mano lleva una pipa. Una varilla fina de madera reposa de pie en los azulejos blancos y azules que rodean la chimenea; la toma con su mano libre y la acerca al fuego encendido. Varias velas de sebo chisporrotean en la repisa.

─Hermosa ¿verdad? ─señala eludiendo las palabras del pintor y refiriéndose a la mujer, sin esperar respuesta continúa. ─Sorprendente lo que puede hacer un hombre enamorado de una mujer, ¿no cree? Y si además de bella, es inteligente, le someterá a sus deseos y quedará reducido a sus pasiones.

Acerca a su pipa la varilla encendida y mientras aspira busca con su mirada a Vermeer. ─¿Es eso lo que le sucedió a usted?

─ No sé de qué me habla.─ señala confundido el pintor.

─ Sí hombre, sí ─ dice Guillermo apagando de un soplo la varilla. ─ Hablo de ese cuadro suyo, creo recordar que lo llamó muchacha con turbante. ─Vermeer, molesto, hace intención de intervenir, pero nuevamente el joven le interrumpe─ Cuentan que quiso escribir unos versos para decirle en secreto que la amaba. Que se rindió ante sus ojos, que la joven mirada le dio vértigo…

─¡No toleraré …! ─comienza irritado el pintor, de nuevo su anfitrión impide que continúe.

─Tranquilo, no le he pedido que venga para juzgarle. Ni quiero, ni tengo autoridad para hacerlo. Además, ─continua Guillermo acercándose y mirándole a los ojos ─ el hecho de valorar su conducta le facultaría a usted a criticar la mía, y créame, ahora mismo no me apetece en absoluto que nadie lo haga. (más…)

Marzo 29, 2008

Liturgia

Archivado en: Contextos — Trini @ 8:56 pm
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Cada viernes por la noche hacía lo mismo, le costaba un par de horas engalanarse. Primero un baño de espuma que liberara su cuerpo del cilicio laboral, para luego untarlo, en inacabable letanía, de lociones y tónicos con promesas redentoras. Un rato más frente al espejo del ropero, eligiendo con cuidado vestidura que cubriera con pretensión su cuerpo resucitado. Acabado el ritual salía.

Los escasos metros que separan su casa de la sala de fiestas, los andaba cada fin de semana con el mismo propósito, encontrar un alma bondadosa que concediera indulgencia plenaria a su soledad.

Se acomodaba siempre en el mismo rincón de la barra, y miraba a los parroquianos en busca de novedades, mientras el barman, con la habilidad de un campanero, le preparaba el san francisco que alegraba su espíritu como agua bendita.Reflexión  (Herel)

Cruzaba miradas y sonrisas con los mismos feligreses de cada sesión, incluso bajaba a la pista y abandonaba su mente en comunión con la música. Pero una vez más, terminaba consumiendo la noche, la confesión de algún arrepentido, que buscaba como ella, cumplir su penitencia con menos sacrificio.

Y volvía de nuevo a la soledad de su casa reflexionando, como peregrino que pierde la fe, si era el culto adecuado o había de plantearse finalmente la apostasía.

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