
Los sutiles mensajes de auxilio que había escuchado por teléfono le dejaron preocupado. Me consuela que por mi pueblo no pasa el tren, no hay andén que pueda convertirme en una Penélope más. Había dicho su amiga al despedirse.
Llenó su maleta de remedios y salió en busca del avión que le acercara a pasar con ella un par de días. Y volvió, después de dos días de copas y paseos, con su maleta intacta.
Si te coge Bea te hace crecer, pensó al ver a un enano que tomaba el sol a la puerta de una tienda de bolsos, entró, compró uno de piel marrón y se lo hizo llegar a su amiga.
