Desde el Calvario

Diciembre 20, 2007

Amor

Archivado en: Contextos — Trini @ 8:58 am
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Las estrechas camas de hospital provocan vértigo. También las paredes inanimadas y las batas blancas. Teresa, apoyándose por primera vez en su hija, bajó al suelo, metió los pies en unas suaves zapatillas y con la mirada perdida de debilidad se puso derecha. La habitación apestaba a remedios y sábanas limpias. Panaceas inútiles ante la vejez.

Las ruedas del pie de gotero las ayudaron a llegar al baño sin mayor dificultad, despacio, eso sí, con la agilidad con que camina un corazón cansado.

La imagen que vio en el espejo no era suya, ni las ojeras, ni los surcos eran suyos. Ni era ella la mujer abatida y cetrina que se dejaba desnudar.

Con mucho cuidado, su hija, la sentó en el taburete de la bañera, levantó sus piernas y las metió en la tina.

─ Hay que ver a lo que se llega ─ dijo Teresa, ocultando las lágrimas que querían aparecer por esos ojos rendidos de amargura.

─ Te recuperaras ─ contestó la más joven, mientras dejaba caer el agua caliente por el cuerpo blanco de su madre. Y deseó estar en lo cierto cuando sus manos enjabonadas recorrían las lorzas de la edad. Con caricias sacó de la piel dos días de cuidados intensivos y la enjugó en un abrazo de algodón. Besó su flácida mejilla y cerró los ojos.

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