Cuando el 13 de diciembre leyó la prensa, celebrando su buena vista, se le encogió la molleja, que poco antes había llenado con cinco nueces y el día anterior con cuatro, al leer la noticia: a sus primos lejanos, los gallipavos, allá por tierras mejicanas, cuando estaban crecidos les embuchaban con una nuez entera el primer día, dos el segundo, el tercero tres, y así hasta quince, porque su carne estaba más sabrosa cuando los cocinaban el día dieciséis.
