Archivos Mensuales: mayo 2008

Carácter

www.moderna.org/lookatme Le gusta venir por las tardes a tomar café en esta cafetería, enfrente justo de “la finca de la abuela”, como llamaba su padre, al edificio de cinco plantas del otro lado de la calle. Hace unos meses, un gran cartel anunciaba la próxima construcción de una decena de pisos de lujo, y en la última semana, desde que vio como iniciaban las obras, no ha faltado ninguna tarde. Siempre se sienta en la misma mesa junto a la ventana. Hoy se interesa especialmente, han terminado el derribo del bloque y las excavadoras trabajan quitando escombro.
Nadie de su familia vivió nunca en esa casa, pero la llamaban así porque fue la abuela quien la levantó, el primero de unos cuantos edificios que construyó cuando el abuelo la abandonó.
A su padre siempre le gustó contarle historias de la abuela, y ella le escuchaba fascinada por aquella mujer con tanto arrojo. Se pasó lo primeros años de casada de embarazo en embarazo y casi siempre sola. El abuelo, trabajaba en el puerto trayendo barcos de legumbres del otro lado del atlántico, y al parecer, siempre llegaba a casa cuando los niños dormían, nunca tenía tiempo para ellos. Manejaba mucho dinero, eso sí, les puso una sirvienta que ayudara con la casa y los hijos, les llenaba de regalos, pero su padre solo recordaba haber pasado un domingo con él. Cuando tenían ya cinco hijos, un buen día, como el que se va a por tabaco, el abuelo salió de casa y nunca más volvió. Ella, consciente de las numerosas amantes que rondaba, seguramente pensó que era lo mejor que podía pasarle y no soltó ni una lagrima. Al día siguiente, le contaba su padre, la abuela empezó la cimentación del solar que acababan de comprar para su nueva casa, y no fue la única. Contrató más servicio que cuidase de sus hijos y siguió trayendo legumbres en nombre de su marido. Cuando terminó el edificio, en lugar de habitarlo alquiló los pisos y, poco a poco fue invirtiendo los beneficios en la construcción de inmuebles. Veinte años después, sin haber recibido una sola noticia de su marido, el estado la declaró viuda y dueña del patrimonio. Desde entonces la familia ha vivido de rentas.
El año pasado, un promotor ofreció una indecente cantidad por “la finca de la abuela” y su padre, que ya estaba muy enfermo, le dio permiso para venderla. Murió poco después, pero antes, un día que se encontraba mejor vinieron los dos a la cafetería. Se sentaron en esta misma mesa, y fue aquí donde su padre le entregó la única fotografía que conservaba de la abuela. La había tomado el abuelo en un paseo por Viveros, justo el día antes de desaparecer. También le confesó, que nunca se creyó la historia del abandono, y que cuando escavaren para cimentar el nuevo edificio no le extrañaría que apareciera el eslabón perdido de su familia.

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Gilipollas

 

 

Te he soñado en un discurso precioso, -le cuenta mientras se despereza-. Vestías lealtad y escrúpulos, hablabas de equidad y desarme…

La carcajada presidencial que ha interrumpido sus palabras ha hecho temblar las paredes de su casa blanca.

 

 

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Autonomía

Se acostumbró a comprar y cocinar para dos, a fregar dos servicios y lavar dos mudas.
Aprendió a pensar en plural.
Sin saber como, un día, vio su congelador lleno, le sobraba cocido y caducaba la leche. La pila de platos estaba limpia y la ropa planchada.
Cuando descubrió que era tan sencillo como cambiar de pasillo en el supermercado, se encontró todo el tiempo que había perdido.

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