Archivos Mensuales: junio 2008

Alevosía

https://i1.wp.com/www.a-normal.org/wp-content/img492.jpg

No ha dejado que suene el despertador; lo puso temprano a pesar de ser festivo, pero no ha dormido. Está inquieta. Sabe que el día no será fácil. El amanecer blanquecino se cuela por la ventana entreabierta. Afuera continua nevando. Aun sin levantarse, sentada a los pies de la cama, presta atención al silencio. La casa parece sumida en una angustiosa calma, impropia de un hogar lleno de niños.

Lleva meses preparando el momento, reuniendo equipo, utensilios, cachivaches y herramientas que le ayuden a que su plan sea perfecto, nadie sabrá que ha sido ella. Dispone de una hora para organizar el escenario y simular un allanamiento antes que despierten sus hijos. Después, ya no habrá tiempo. Todo se resolverá en cuestión de segundos, así ha de ser.

Con mucho cuidado de no hacer ruido se mete en la cocina y cierra la puerta. En el primer cajón, aún está empaquetado el cuchillo que compró para la ocasión, -Ha de estar bien afilado para que el corte sea limpio,- le dijo el Najas cuando se lo vendió,-Lo sujetas con firmeza y desplazas el filo, parecerá obra de un cirujano. Desenvuelve el paquete y sujetándolo con un paño limpia la hoja de acero. Lo deja en espera sobre la mesa.

En el salón hay mucho trabajo que hacer. Pretende fingir que hayan pasado por él varias personas, no le conviene una sola. Desplaza muebles aparentando tropiezos. Sopla en la chimenea y una pequeña nube de cenizas se esparce por el suelo. Deja caer un sobre cerrado y vacía el contenido del arcón a un paso de la ventana.

Del piso de arriba empiezan a llegar los primeros ruidos. Alguno ya se ha despertado. Contempla la sala, todo listo. Respira hondo y sale cerrando la puerta. No hay vuelta atrás.

Con voz segura les llama desde el pie de la escalera, -¡Niños, bajad ahora mismo!-. Vuelve a la cocina, coge la bandeja con una mano y agarra el cuchillo con la otra. Espera.

En unos segundos se oye una marabunta escaleras abajo y un griterío infantil irrumpiendo en el salón. Es el momento. Toma aliento.

Entra unos pasos tras ellos y les observa conmovida. Y mientras los niños excitados, se abalanzan sobre los regalos de reyes, ella comienza a partir el roscón.

Anuncios
Etiquetado

Lugares

bailarina-victoria

La “Bailarina” encontró su sitio.

¡Eso me lleva por delante!

Etiquetado

Inspiración

Giants of Delft

Llevo días sumida en la lectura de “Giants of Delft”, de Robert D. Huerta. Me lo regaló un buen amigo que supo ser oportuno. Es interesantísimo, útil y muy apropiado, si no fuera por un pequeño detalle: está en ingles, y no hay traducción al castellano que es la única lengua en que sé leer. Por suerte, cuento con la ayuda de un artilugio traductor, un diccionario y el inestimable apoyo de mis personajes. Desde que se han instalado en mi casa lo compartimos todo.

Hoy, aprovechando un ratito que han dejado de sonar las canaleras, mis chicos y yo, hemos salido a dar un paseo por el campo. Ha sido divertido. Antony, andaba loco por atrapar una rana y enseñarnos la membrana de entre los dedos del anfibio; le ha costado, pero con los pies en un charco y el ejemplar en las manos, se le escapaban las palabras relatando la primera vez que puso uno de estos bajo la lente de su microscopio. Jan, nos ha descubierto los distintos amarillos que coronan las ontinas, y los grises, azules o verdes con que se visten los romeros. Los otros dos, como siempre, caminaban a lo suyo, he creído entender que le rogaban al Cielo una noche despejada, parece ser que este mes, se produce un acercamiento entre Marte y Saturno, y les fastidia tanta nube que les priva del cortejo. Guillermo me ha sorprendido, caminaba despacio haciendo equilibrios para no embarrar sus zapatos de piel de becerro, yo he ajustado mi paso al suyo ofreciéndole el brazo pero, muy cortés, lo ha rechazado; nos quedábamos rezagados, cuando, en un cuchicheo impropio de su talante, me ha pedido que me contuviera, que tenía algo que contarme. Al poco, la distancia del grupo le aseguraba confidencia, y así, entre las viñas, con la misma serenidad con que saborea un vaso de vino, me ha revelado su secreto.

Es época de floración y la humedad refuerza el aroma que envuelve los ribazos; innumerables escorrentías ponen música al vuelo exhibicionista de las golondrinas, y el monótono canto del carpintero anuncia más días de lluvia. Mis Gigantes y yo, mañana, retomaremos la traducción.

Etiquetado