Archivos Mensuales: noviembre 2011

Vestigio

 ECOs 2012

Esperábamos en el ribazo a que mi padre acabara de labrar y se puso a llover. Con un silbido nos mandó, al abuelo y a mí, a refugiarnos en la barraca. Una parte del tejado estaba casi en el suelo, pero un pequeño rincón nos mantuvo secos. «Se va a caer y nadie lo remedia», dijo el abuelo mirando los palos del techo podridos por el abandono. «Antes sí que la teníamos en condiciones. Ese bancal tiene dos días de labrar y por aquí, todos a tajo, más o menos. Siempre había algún hato en la barraca; cuando no de un pastor…» El abuelo se acomodó recostado a la pared. A su lado, a media altura, sobresalían dos palmos de una estaca donde colgamos la bolsa. Yo, con los pies, retiré de un rodal las cagarrutas secas y me senté en el suelo. «Mi madre se acordaba ―empezó a contarme―, de que una vez, cuando ella era joven, estaban segando a mediodía y se les hizo de noche. Comenzó a pardear todo y a taparse el sol que hasta cantaron las chicharras y los mochuelos. En un instante el cielo se llenó de estrellas. Se abrigaron en esta barraca y, del susto, no podían ni rezar. Al poco rato, con el mismo pardo, echó a aclarar y el sol se destapó». ¿Qué hicieron entonces, abuelo? «¡Uy! Pues volver al tajo.»

Hoy están perdidas las tierras de la Barresa. Alguna tarde me acerco con mi sobrina a pasear por los pinos. A la vuelta, la espero en el ribazo mientras ella busca tesoros entre las ruinas de la barraca. Luego me cuenta emocionada que ha oído llorar a una princesa o que es el escondite de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Me explica que es ahí donde duerme la noche durante el día, porque ha visto entre las piedras el brillo de las estrellas. Y ahora insiste, en que una piedra le ha dicho que tapa la boca de un túnel para viajar en el tiempo. Quiere que volvamos con más luz a buscarlo y yo le digo que sí, que lo haremos. Estoy segura, como ella, de que ese túnel existe.

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