Archivos Mensuales: abril 2012

Traje de novio … 4/11

(4/11)

                                                                                  …  ¿Y este par?, no se podían casar por la iglesia como todo el mundo. O que los casara el Juez ¿No podía haberlo hecho el Juez? ¡No! Había que hacerme esto a mí. Si me lo dijo aquel día, «ésta me la pagas». Ya sé que no son maneras, pero ¿qué iba a hacer si me levantaba la novia? Y lo hubiera denunciado, claro que sí. Porque no me salió lo del parte de lesiones, demasiados testigos ¿qué si no? Mejor estaba deportado que aquí. Para una del pueblo que vale la pena se tiene que ir con un forastero. Claro que…, las que mandan son ellas y María eligió pronto. Que le prefería a él me quedó bien claro cuando nos sacaron del calabozo. Se metió en sus brazos y empezó a darle besos como si estuvieran solos, no vio a nadie más. Eso que éramos muchos. Al final, tomaron parte los mozos del pueblo y acabamos todos en el mismo sitio; con el mismo rasero nos midieron. Escándalo público dijo la guardia civil. Nos sacaron pronto, una noche pasamos.  Pero ella llegó… y como si no hubiera otro, ni caso nos hizo. Pues nada, pa´casa. Ahora que éste… ¡éste pagaba la manta como que soy el alcalde!… Si que está lleno esto, la de gente que hay hoy aquí. Habré salido en todos los corros, ¡tener que casar a tu novia con otro, vaya plato de gusto!… Algo largo me ha escrito el discurso, con lo malo que soy leyendo… Si no se callan no empiezo… ¡Cuánta foto!  A ver, deje que me ponga en situación. Eso, desde la izquierda que es mi lado bueno…

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Traje de novio … 3/11

(3/11)

                                                                                               …  Qué guapos, cariño, ¡si tu abuelo viera lo elegante que estás!… Cómo voy a presumir de nieta en el grupo de mus… Y él también está lucido, que no le falta detalle;  parece que lleva un guante, como si hubiera nacido con el… Tiene buena planta, y me da en la nariz que es la misma por dentro y por fuera… ¡Dichoso fotógrafo! Deja de enfocarme ya, que no voy a salir mejor por mucho que lo intentes. No estoy yo para tanta foto… ¡Vaya salón! Hay que ver cómo habéis dejado el Salón de Plenos; esas lazadas en la escalera y todas esas flores, no parece el mismo. ¡Con lo que aquí se discute!… Este ayuntamiento no se había visto en otra, la primera boda civil desde la república. No creía yo que cabía tanta gente aquí, nunca lo había visto tan lleno. Vaya si tenéis invitados y eso que del novio no ha venido la familia, sólo amigos, pero tiene tantos, se nota que la gente le aprecia… ¿Y la Reme? Le quiere como si fuera su hermano, igual que a ti. ¡Ay esta chica…! Lo que más me gusta, hija, es verte casar por amor. ¡Ah, y para toda la vida!, con esa intención ha de ser, ya habrá tiempo de rectificar si las cosas no salen bien. Y ¡estar feliz!, estar feliz mientras dure, no te engañes. Disfruta cada día como si no hubiera otro, y cuando se acabe punto y a otra cosa. Las casas aburridas están llenas de cobardes. ¡Ay…! Si tu madre me hubiera hecho caso, pero mírala, no parece hija mía, se diría que vivió la posguerra en vez de yo. Tu no mi amor, tú sigue así por mucho que diga tu madre, y crece lo justo, que ya tendrás tiempo… ¿Qué ha sido braguetazo? ¡Pues qué sea!… Bueno ¡qué lloradera! Menos mal que puse pañuelos en el bolso. Si es que me emocionan a mí estas cosas. ¡Mi nieta…! Recuerdo cuando empezaste en el colegio, cómo destrozabas el uniforme; cada dos meses había que comprarte uno nuevo, no te gustaba ¿verdad?… Y luego la universidad, a la católica decía tu madre, y tú que no, que a la pública. Que en un colegio mayor y tú que no, que compartir piso. Ella que magisterio, tú que trabajo social. Ella quería que fueras en verano a una residencia inglesa y tú te fuiste, con tu mochila al hombro, a buscarte la vida en Londres. Mientras ella te apuntaba al club de tenis, tú buscabas trabajo para pagarte la matrícula del curso siguiente… ¡Tu madre quería que bordaras sin aprender a zurcir!…  «Si es que no me da gusto en nada, me decía cada vez que venía por casa, a ver si tú la convences que parece que te haga más caso». Si sí, eso pensaba yo. Ahora que lo tenemos más fácil ponemos las trabas nosotros mira tú que gracia… Ni te imaginas la de veces que me ha pedido que te disuadiera de esta idea de la boda, como si no tuvieras criterio. Que fíjate tú, con la de buenos mozos y de buena familia que hay en el pueblo, ha de ser un inmigrante que a saber en busca de qué ha venido. Pues nada hija mía, ya te digo yo por qué ha venido, lo ha hecho buscando una vida mejor que tiene todo el derecho, como hicimos nosotros antes, o ¿no te acuerdas? Que sólo tenemos memoria para lo que nos interesa…. ¡Ay chiquilla! No se lo tengas en cuenta, que para ella siempre serás una niña…

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Traje de novio … 2/11

(2/11)

                                                                            …  No se le hace esto a un padre, ¡hija, por Dios! Si la madre no puede pagar el billete para venir a la boda de su hijo buscas otra madrina más decente. ¿Cómo te atreves a ponerme algo así? ¿Has visto qué escote? Ser testigos es tan serio como ser padrinos. ¿Crees que se habría vestido igual para ir a la iglesia? ¡No!… ¿Quién lo iba a decir?  María casada. Tantos años velando por su seguridad… y ya ves, llega un gilipollas y se la lleva. Será buena gente, pero es gilipollas… Hija mía ¿en qué piensas? ¿Qué necesidad tienes de casarte? Si tu padre fuera joven, ¡a buenas horas! Tampoco entiendo las prisas. Lleváis dos años viviendo juntos, sin idea de casaros y de repente, de hoy a mañana, boda… Estáis elegantes. Tú, guapísima de blanco, como me imaginaba; pero él, él sí que me ha sorprendido. Anda qué no va a cambiarle la vida a éste, ¡menudo giro!… Menos mal que me encargué de que se hicieran las cosas bien. Éste no nos la pega. «Mi primer caso papá», me dijo Juan, pues sí, tu primer caso, llevar los papeles de la boda de tu hermana; por eso quería un abogado; para no caer en las garras de esas alimañas ineptas de cualquier bufete. Un abogado propio es la mejor manera de velar por los intereses de la familia. La niña se casa, pero con de separación de bienes. La fortuna no se reparte. Me tranquilizó que hubiera cambiado la ley. Antes tenías que ir al notario a firmar las capitulaciones, por defecto pasabas a gananciales. De un plumazo… todo lo mío tuyo. No, hija. Que nadie sabe lo que puede pasar. Me dijo Juan que ya no era así… Será buen abogado… ¡Ay mi niña…! Me estoy emocionando ¡Será posible! Estará bonico que me ponga a llorar ahora… Mírala ¡Se podrá estar más guapa!  María vale mucho. Quién me iba a decir a mí que acabaría con un piltrafilla como éste. Aquel día en la verbena…, la primera vez que le vi…,  ¡si aquel día me pinchan no me sale sangre! ¡Dios qué pinta! Con unos pelos que no tocaban peluquero en años. ¿Y la barba? Aquella barba no había visto una hoja de afeitar desde la guerra de Cuba. «Te presento a mi novio». ¡Clavado como una estaca me quedé! Es buena gente papá, me decías, ya verás cómo te gusta cuando le conozcas. Y buena gente será, pero hija, con eso no basta; además de serlo hay que parecerlo. En fin, que no te arrepientas… ¡Eh! Tíreme otra, que no me había dado cuenta y habré salido mirando el escote…

Traje de novio … 1/11

Es muy importante saber escoger el lente que lleva una foto,

 pues para cada una hay un lente apropiado;

 el asunto es tenerlos.  

Alberto Korda

(1/11)

                                                                         …  Fíjate, después de todo, no le queda mal el traje. ¡Serán los patrones! Para quedarle bien a él que no tiene percha… Es alto, pero nada más. Con esa barriga cervecera… Y está fofo que lo he visto yo. El otro día arreglando el jardín se quitó la camisa, bueno la camiseta, que siempre lleva esas camisetas de mercadillo que parece un pordiosero… ¡Ay! no puedo verlo. Me da un no sé qué que lo vean las vecinas, porque no se corta ¡eh! Lo mismo le da ocho que ochenta. Le tengo dicho a la niña: ¡Arreglaros un poco cuando salgáis de casa, hija!… De casa le dije, sí, mira que llamar casa a esa covacha, pues nada, como quien oye llover. No sé por qué me extraña, ha sido mi pelea con ella toda la vida ¡qué no aprende, chica! De jovencita le decía: arréglate un poco nena, no salgas así, ¿cómo quieres que algún chico se interese por ti si te ve con esas pintas? y siempre me contestaba lo mismo: «mamá, al chico que le paren mis pintas no me interesa a mí». Qué sabrá ella. ¡Inocente…! A lo que ha llegado. Buen chico sí que es, que todo hay que decirlo, pero con la de pretendientes que han rondado a la niña quedarse con esto. Lo que hay que ver… Espere, espere que tengo una greña en la cara. No vaya usted a sacarme así. Si es que con esta lluvia se me ha puesto un pelo… ¡Vaya fotos van a salir!… Por lo menos en esto me han dado gusto, que me tenían en ascuas con lo de la boda. Cásate le decía yo, y ella que no. Mira… que vivir en pecado no está bien visto, y ella que me da igual mamá… ¡Qué guapa está! Se ve enamorada. ¡Qué le dure! Pero él, a él no acabo yo de verlo. El caso es que cuando vienen a casa el chico ayuda. No seré yo quien diga otra cosa. Es el primero que pone la mesa, y oye, que llega al fregadero antes que Juan, pero no sé yo… Le queda bien la chaqueta nunca le había visto con una. Es raro porque percha no tiene. Yo no sé qué habrá visto la niña… La verdad es que la trata bien, como a una reina, ya me gustaría a mí que Antonio me hubiera tratado así alguna vez, pero nada, ni de novios… Chica, ¡cómo la mira!, parece que la quiere… No sé no sé. ¡Ay!… La niña casada fíjate, la primera. Veremos cuando le llegue a Juan, qué no sé que piensa. Cinco años con Teresa y ahí están. No digo yo que me moleste, al revés, que a una madre le gusta que sus hijos estén en casa, pero, ya será hora de que haga marcha ¿no? Noche sí, noche también, no viene a dormir, a cambiarse sí, la ropa limpia bien que la quiere. No me molesta, nunca diré yo que mi hijo me molesta en casa… En cambio la niña ¡hala! se conocían dos meses y a vivir con él. Lo que me he tenido que oír. La de veces que le he dicho: cásate hija, cásate, que vivir así está feo, y ella que no. ¡Tozuda la niña! ¿A quién habrá salido?… Eso sí que le advertí: hija, con separación de bienes, no vaya a ser que luego te salga rana. Y ves, en eso me hizo caso. ¿Me dijo que lo había propuesto él?… No sé si será tan noble… Ya lo iré observando, porque los domingos a comer en casa, como está mandado. ¡La familia está unida y se tiene que ver unida! No quiero ser la comidilla de las vecinas… ¿Y esos pantalones tan bien planchados? Habrá sido la niña claro, ya me encargué yo de que aprendiera a planchar. Una hija ha de salir de casa de su madre sabiendo llevar la suya. Le quedan bien es verdad, y con esos zapatos tan limpios… Con eso no he podido: «que no mamá, que es mucho dinero y no tenemos, los zapatos se limpian y punto que luego no los lleva». Tiene razón nunca le he visto con zapatos, siempre bambas; que no lleva otra cosa, como si no tuviera… ¿Y el corte de pelo? No me había fijado…

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