Archivos Mensuales: abril 2015

Un autentico despropósito

Sábado, 25 de abril de 2015

Vaya por delante que estoy completamente a favor de actividades deportivas al aire libre y en contacto con la naturaleza, siempre y cuando ―claro está― ésta se respete. Por eso, lo que ha vivido hoy el monte de las cercanías de Titaguas me parece un despropósito. No sé de quién es el mérito, ni a quién debemos la idea de las “pruebas de Orientación”. Ni de quién o de qué depende el número de participantes admitidos en este tipo de competiciones. Ni de si hay unas normas de comportamiento y de respeto al entorno natural cuando la prueba se desarrolla por el monte, o de si se deja al criterio moral y a la ética personal de cada participante. Pero repito, lo que hoy he visto con mis propios ojos, desde la puerta de mi casa, que ha vivido el monte de Titaguas me parece un enorme despropósito:

Más de 600 personas corriendo por el mismo monte, en competición, en las mismas horas, bajando terraplenes, saltando ribazos, desprendiendo rocas. Con mapa, brújula y reglamento deportivo, pero con libertad de andar y de moverse sin obligación de respetar senderos ni caminos; a campo través. “Se juegan una medalla” me ha dicho alguien de la organización cuando he ido a quejarme. Siempre es lo mismo… La persona con la que he intentado razonar me ha definido el deporte de Orientación como el más respetuoso con el medio ambiente y el que supone menor impacto ambiental. Por eso seguramente ―como también ha dicho sin ser muy consciente― “no se puede repetir una de estas pruebas en la misma zona en los siguientes diez años”. No me extraña, cuatro pruebas como la de hoy y nos quedamos sin monte. Casi le doy las gracias por asegurarme que solo hacen daño periódicamente.

En el Reglamento de Orientación de la Federación (colgado en la web de las pruebas: orientaciontitaguas.com) he visto que se apela en varias ocasiones al juego limpio, quizás se refiere solo entre participantes, no lo sé. Pero sí que he leído, en el apartado de Principios Básicos, algo que quiero transcribir: “2.3.4 Vida salvaje y medio ambiente. El medio ambiente es sensible: la vida salvaje puede verse alterada, el suelo y la vegetación dañados si el terreno es masivamente utilizado. El medio ambiente también incluye a la gente que vive en el área de competición, muros, vallas, tierras cultivadas, edificios y otras construcciones, etc.
Es posible encontrar rutas que eviten la interferencia con las áreas más sensibles sin dañarlas. La experiencia y la investigación han demostrado que incluso las grandes pruebas se pueden organizar en áreas sensibles sin provocar daños permanentes, si se toman las correctas precauciones y las carreras están bien trazadas.”

Hoy en mi jardín hay abierta una senda, que yo no tenía prevista, porque el mapa de la prueba define mi terreno como libre (no sé con el permiso de quién), porque el azar lo ha colocado justo en la línea recta entre dos balizas y porque a los participantes ni les importaban mis plantas (que dios sabe lo que cuesta sacar adelante en un terreno poco fértil) ni se paraban a mirarlas mientras las machacaban uno tras otro. Si eso ha pasado en unos pocos metros de jardín, en mi casa, ¿qué no habrá pasado en el bosque? ¿Cuántas sendas nuevas se habrán abierto? ¿Cuántos surcos más contribuirán a partir de hoy a la degradación de un terreno como el nuestro, especialmente sensible a la erosión del agua? ¿Cuantas plantas pisoteadas? Lo mío no supone mucho, con un poco de suerte volverá la primavera el próximo año y las intentaré sembrar otra vez, pero ¿y al monte quién lo repara? ¿Somos conscientes del estropicio que deja en el entorno un día como el de hoy? Entorno, por cierto, en el que yo sí vivo. Y como yo cientos de habitantes de los pueblos de la Serranía que con mucho respeto y dedicación mantenemos estos parajes hermosos, habitables y hospitalarios. No sé si el de hoy es el mejor camino para conseguir la declaración del Alto Turia como Reserva de la Biosfera, pretensión que anuncia el Alcalde en su bienvenida. Quizás sería oportuno pedirle a Simón de Rojas una crónica de las pruebas y que nos diera su parecer.
Trini Rodríguez, vecina de Titaguas.

(Texto entregado en el Ayuntamiento de Titaguas y enviado por e-mail a la organización del evento)Nueva-imagen00Nueva-imagen000Nueva-imagen0

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Sol de otoño

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Un día, de repente, te das cuenta de que tus propósitos no se corresponden con las estaciones. De que los compromisos son sólo eso: compromisos. Descubres el placer de remover la tierra con las manos desnudas, y de plantar claveles a destiempo… si hubiera un tiempo de claveles. Y de que estas feliz aquí, y no en Roma, en tu espacio silvestre rodeada de rucas.

Un día, de repente, te arrellanas en el jardín a ver pasar las intenciones, a disfrutar de no hacer. Y gozas mientras esperas con deseo la tarde. Sabes que un cumplido es un acabado perfecto y que el sol de otoño no te ciega la vista aunque lo mires de frente.

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Hornazo

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El único rollo de aquellos tiempos era de azúcar y se llamaba hornazo. Un rosco de pan dulce con un huevo anclado en la masa y cocido al horno que te hacía tu madrina, o la mujer de tu padrino, para que fueses a buscarlo el día de Pascua.

Con el hornazo empezaba una nueva estación: te quitaban los leotardos y estrenabas pascueras. Llegaba el tiempo de estar en la calle, de jugar a la comba, de correr por la tierra. El domingo de pascua te dejaban ir al monte a comértelo con los amigos y a disfrutar del día. Para eso, en aquellos tiempos, sólo hacía falta un poquito de sal, encontrar una fuente y… tener madrina.

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