Mi Yo Casa – 8

… Me agarré a una sonrisa encantadora (en su segunda acepción) que, silenciosa y perfumada de albahaca, entraba en mi casa, acariciaba mi herida, alejaba el tormento y… salía. Una sonrisa juguetona que me elevaba dos palmos los pies del suelo, me desconectaba de lo terrenal y cubría la grieta con poesía. Dice mi amiga Beni que parecía un duendecillo que diera vida a mi texto.

No sé si el poeta imagina la fuerza de su poesía cuando llega a las entrañas y las libra de recelos.

¿Cuánta generosidad cabe en un verso? …

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