Mi Yo Casa – 9

(…) Hay lecturas que te reconfortan y te alivian más que cualquier tratamiento.

Empecé a buscar en libros de instrucciones, en decálogos o guías que aplacaran mi dolor. Encontré miles de remedios con frases lapidarias. Manuales de construcción y formulas para fabricar morteros resistentes a movimientos de tierra; aunque fuera en Italia. ¡Qué ilusa! La grieta siguió creciendo y empezó a pasar el frío. No sé qué pretendía si entrar o salir, si me castigaba o me hacía libre.

Es verdad que esos textos me ayudaron, a qué negarlo: una gran hoguera con libros de auto ayuda me alivió del frío. La grieta dejó salir al humo y entrar a la luz.

Apareció entonces la crudeza de llamar a las cosas por su nombre, de habitar el dolor sin panaceas. Otros autores llenaron mis rincones y acompañaron la razón con poesía.

Es cierto que hay lecturas alentosas y visitas con buenas intenciones. Pero también es cierto que compasión es sufrir juntos y que no hay sitio para piedades ofensivas…

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