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Alevosía

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No ha dejado que suene el despertador; lo puso temprano a pesar de ser festivo, pero no ha dormido. Está inquieta. Sabe que el día no será fácil. El amanecer blanquecino se cuela por la ventana entreabierta. Afuera continua nevando. Aun sin levantarse, sentada a los pies de la cama, presta atención al silencio. La casa parece sumida en una angustiosa calma, impropia de un hogar lleno de niños.

Lleva meses preparando el momento, reuniendo equipo, utensilios, cachivaches y herramientas que le ayuden a que su plan sea perfecto, nadie sabrá que ha sido ella. Dispone de una hora para organizar el escenario y simular un allanamiento antes que despierten sus hijos. Después, ya no habrá tiempo. Todo se resolverá en cuestión de segundos, así ha de ser.

Con mucho cuidado de no hacer ruido se mete en la cocina y cierra la puerta. En el primer cajón, aún está empaquetado el cuchillo que compró para la ocasión, -Ha de estar bien afilado para que el corte sea limpio,- le dijo el Najas cuando se lo vendió,-Lo sujetas con firmeza y desplazas el filo, parecerá obra de un cirujano. Desenvuelve el paquete y sujetándolo con un paño limpia la hoja de acero. Lo deja en espera sobre la mesa.

En el salón hay mucho trabajo que hacer. Pretende fingir que hayan pasado por él varias personas, no le conviene una sola. Desplaza muebles aparentando tropiezos. Sopla en la chimenea y una pequeña nube de cenizas se esparce por el suelo. Deja caer un sobre cerrado y vacía el contenido del arcón a un paso de la ventana.

Del piso de arriba empiezan a llegar los primeros ruidos. Alguno ya se ha despertado. Contempla la sala, todo listo. Respira hondo y sale cerrando la puerta. No hay vuelta atrás.

Con voz segura les llama desde el pie de la escalera, -¡Niños, bajad ahora mismo!-. Vuelve a la cocina, coge la bandeja con una mano y agarra el cuchillo con la otra. Espera.

En unos segundos se oye una marabunta escaleras abajo y un griterío infantil irrumpiendo en el salón. Es el momento. Toma aliento.

Entra unos pasos tras ellos y les observa conmovida. Y mientras los niños excitados, se abalanzan sobre los regalos de reyes, ella comienza a partir el roscón.

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