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Carta a los Reyes Magos

Sí, envío mi carta a los Magos de Oriente en el mes de junio. Pretendo evitar, dada la importancia de mi petición, que la masificación de diciembre y enero la hagan pasar desapercibida.
Esta vez quiero algo que, a pesar de no ser material, presumo muy rentable:
Quiero ser objetiva; objetiva de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Nasa más… ni menos!

almendros

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La grieta

A veces te vacías en un texto, a veces…, sólo a veces!metafora

 

Si mi casa no tiene vicios,
ni ofrendas que cumplir;
si no se recuesta el tejado
para cubrir mis sonrojos,
ni se alza el silencio de los murosgrieta
para esconderme de intenciones;
si nunca fueron troneras mis ventanas
ni sus cerrojos rencores,
entonces…
¿a qué la grieta?
¿Qué abandono la retuerce,
pretende liberarme o me castiga?
¿No compete a los cimientos
alcanzar la armonía de emociones?
¿Será, acaso, tanta piedra
un trampantojo?

No se ahogaron mis miedos encerrados,
ni templaron jamás tributo alguno
aquellos mantras compartidos.
No hubo remedio providencial
que sofocara mi odio,
ni bebedizo que conciliara
amor y enojo.
No supe de ayuno sin esfuerzo,
ni de catón donde aprender
a moverme con celo
en los afectos.
La desidia preventiva de mi especie
ocupó sin preguntas mi morada.
Di la gracia, cual dios, a la estructura
y caí en el encierro de la nada…

No pretendo el amparo de un legado venenoso,
ni piedad que alivie desazón.
Sería vano entregarse a la quietud
desde esta suerte,
entonces…
¿qué otra cabe?

Aún en ese claroscuro
cabe el verbo,
derramar el momento y encontrarse.
Cabe ahondar
en la grieta
hasta salirse.
Habitar el dolor y completarse.

Del libro: “Lo Personal y lo Poético”  .pdf

http://ciudadartenuevo.apps-1and1.net/

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Estrellas

Tengo torpes las piernas y camino despacio mirando al suelo. Un simple guijarro, mal pisado, me haría caer. Hoy, durante un paseo, eso de: “mirar donde pisas” ha sido bonito y revelador. La Serranía se ha despertado un día más con un manto de escarcha que parecía nieve. Varias horas después de amanecer todavía quedaba en la tierra un velo blanco. El sol derretía tímidamente los cristalitos de hielo y llenaba el camino de estrellas que, generosas, titilaban para llamar mi atención y evitar que cayera. Me han acompañado todo el trayecto. Parecían expandirse al ritmo de mis pasos. Incluso en el camino de vuelta, cuando el sol caldeaba mi espalda, seguían ahí: desviando mi sombrajo y haciendo mi caminar más firme.

Al mirar al suelo he visto hoy, un día cualquiera, que a pie de calle hay más estrellas de las que se dejan ver en el cielo una noche al raso

.escarcha

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