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Mi Yo Casa – última

¡Y ahora qué!

La grieta restaurada y la casa habitable inician la nueva etapa. Solas, desnudas sin protección de galeno alguno. Si compasiones determinantes ni efímeras. Al relente del tiempo.

Y ¿ahora qué hacer?

¿Dónde se mide la fortaleza de los muros? ¿En qué los ánimos del invadido? ¿Qué unidad refleja el valor de la permanencia? ¿Cual será la medida cautelar que conserve la estima?

Quizás hoy sólo estoy triste; hay días en los que una se encuentra cómoda en la tristeza.

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Mi Yo Casa – 13

He de ser sincera: hubo otro miedo. Quizá menos cierto, no sé si justo. Cuando la grieta restaurada salió afuera y la pared empezó a mezclarse entre paredes. Cuando comenzó a crecer el pelo.

No fue fácil volver al entorno forzoso y cotidiano, reconocer la normalidad de lo ajeno, asumirlo. Despegarse de las batas blancas de los dioses.

Jamás me sentí más insegura, nunca dejaré de ser un principiante.

muro

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Mi Yo Casa – 12

En dos ocasiones tuve miedo. Una: miedo a que la grieta continuara creciendo y el frío o la lluvia me impidiesen seguir en la casa. Miedo a perder mi autonomía. Duró poco. Una mala noche y un pensamiento desafortunado al despertar. Mejor.

La otra me dolió más. Pensé que la grieta me vencía, que mi casa se iba al suelo inevitablemente. Un intruso hizo tambalear mi organismo y desapareció toda la protección que me brindaban los muros. Ese instante fue más largo, varios días. El tiempo justo para despedirme de las cosas, de los sitios, de los míos, …

Después abrí la puerta, deje que entrase el desapego y … se fue el miedo.

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Mi Yo Casa – 11

Toda la vida intentando estar guapa para ofrecer un plano bonito o atractivo a los demás y resulta que el momento más anti libido, el día que ni te atreves a mirarte al espejo por temor a romperlo, es el que atraes a lo que esperaste desde niña. ¡¡Qué ironía!!

¿Por qué pensamos que nuestro concepto de belleza es universal? ¿Qué nos dice que la casa que habitamos sería ideal para el resto?

¿Curará el tiempo la arrogancia de ser protagonista aún en la enfermedad?

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Mi Yo Casa – 10

Son tantas las veces que preguntamos con intención de contar y no de saber. Es un desatino tan grande pretender aconsejar alegando experiencia… Lástima que a pesar de habitar el mismo tiempo y espacio no compartamos universo.

La grieta esperó tranquila a que el adhesivo sellara. Se dejó mirar y hacer. Unos vieron un error de arquitectura y otros la belleza interna de los muros.

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Mi Yo Casa – 9

(…) Hay lecturas que te reconfortan y te alivian más que cualquier tratamiento.

Empecé a buscar en libros de instrucciones, en decálogos o guías que aplacaran mi dolor. Encontré miles de remedios con frases lapidarias. Manuales de construcción y formulas para fabricar morteros resistentes a movimientos de tierra; aunque fuera en Italia. ¡Qué ilusa! La grieta siguió creciendo y empezó a pasar el frío. No sé qué pretendía si entrar o salir, si me castigaba o me hacía libre.

Es verdad que esos textos me ayudaron, a qué negarlo: una gran hoguera con libros de auto ayuda me alivió del frío. La grieta dejó salir al humo y entrar a la luz.

Apareció entonces la crudeza de llamar a las cosas por su nombre, de habitar el dolor sin panaceas. Otros autores llenaron mis rincones y acompañaron la razón con poesía.

Es cierto que hay lecturas alentosas y visitas con buenas intenciones. Pero también es cierto que compasión es sufrir juntos y que no hay sitio para piedades ofensivas…

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Mi Yo Casa – 8

… Me agarré a una sonrisa encantadora (en su segunda acepción) que, silenciosa y perfumada de albahaca, entraba en mi casa, acariciaba mi herida, alejaba el tormento y… salía. Una sonrisa juguetona que me elevaba dos palmos los pies del suelo, me desconectaba de lo terrenal y cubría la grieta con poesía. Dice mi amiga Beni que parecía un duendecillo que diera vida a mi texto.

No sé si el poeta imagina la fuerza de su poesía cuando llega a las entrañas y las libra de recelos.

¿Cuánta generosidad cabe en un verso? …

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Mi Yo Casa – 07

La grieta anduvo creciendo un tiempo más y yo fui acostumbrándome a las paredes del hospital. Pocos días, la verdad, no sé porque me quejo. ¡Son tan intensos los días cuando estás cerca de los dioses!

Cada cual busca su excusa donde quiere: rezar, meditar, mirar la grieta, cualquier asidero es válido si cumple su cometido. Salir de la procesión puede ser un reto complicado, a veces imposible.

Aquellos días aprendí que perfumando la habitación con albahaca ahuyentas los mosquitos y te libras de intenciones. Lastima que en ocasiones se olvide lo aprendido…

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Mi Yo Casa – 06

…Es curioso como una línea en la pared, una grieta, puede convertirse en un dibujo ilusionante. La mirada nos puede descubrir señales, para otros invisibles, asideros a los que aferrarse en ausencia de fe, o tal vez en demasía.

Las camas de hospital me provocan vértigo (ya lo dije una vez), pero es al principio, terminas acostumbrándote y dejando la dignidad en los pasillos de la planta. La recoges luego, a la salida, para acercarte al equilibrio.

Soy frágil, necesito descifrar lo que dibuja la grieta, habitar el dolor hasta agotarlo y arropar la razón con poesía…

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Mi Yo Casa – 05

“Hay otra versión vital (dice Zambrano): el salirse de la procesión, el derramar el tiempo en que todavía se está durante el ciclo de la vida, el salirse para derramarse y encontrarse en la vida sin más, en la vida toda. El gozo de la vida y su canto.” Me quedaba habitar el dolor, completarme. Una intención que no conocía y que no resultó fácil. Dejó de preocuparme que la grieta traspasara la pared, la compasión mal entendida del afuera. Me costó desaprender.

Las buenas intenciones empezaron a quedarse pobres; salir a pasear al caer el sol se convirtió en mi trabajo diario. Lo único importante fue que los días pasaran, que el adhesivo sellara y que entre todos dominásemos la grieta.

Y la espera… siempre la espera…

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Mi Yo Casa – 04

… decidí, digo. ¡Qué ingenua! En ésta parodia de libertades pocas opciones caven.

Me costó mucho no entregarme a la auto ayuda. Las campanas llamaban a oración y una capa gaseosa y enrarecida del ambiente quería entrar por la grieta. Alguien puso en mis manos la lectura de Zambrano y encontré la otra versión.

En una casa de materiales de construcción me proporcionaron la cola resistente y flexible que, al parecer, uniría las piedras. Con la ayuda de mi familia se colocó el andamio y se aplicó la goma.

Luego quedaba esperar, cumplir el tiempo de secado y confiar que sellara el adhesivo. Otra vez la Fe. Abandonarse, entregarse a la vida sabiendo que bajo esa apariencia de normalidad está la grieta. Llamar a las cosas por su nombre y seguir…

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Mi Yo Casa – 03

…decir que nadie me avisó sería adjudicar la culpa y no creo que nadie la tenga. Ni siquiera me atrevo a pensar que unos buenos cimientos la hubiesen evitado. No sé qué la ha provocado, ni si es consecuencia o no de algún movimiento de tierra. No sé si la causa es el vuelo de una mariposa en Japón o si es algo interno. No creo que llegue a saberlo.

Lo cierto es que un buen día apareció una grieta en la pared del salón y decidí ponerle remedio. “A partir de aquí todo son buenas noticias”, me dijo Adolfo después de escuchar el diagnóstico. Comienza la guerra: piedras, arena, cemento, escaleras, andamios, albañiles, terapias, oncólogos, cirujanos, …

Asumí la disciplina de un saber técnico y puse a mis dioses bata blanca.

¿No es acaso la Fe abandonar la intención, entregarse al vacío y permitir que el entorno te posea? …

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Mi Yo Casa -02

coincidió con un movimiento de tierras en Italia. En las noticias, durante un par de días, mostraban imágenes de gente desolada porque su casa estaba en el suelo. No duró mucho, la verdad. Ésta era una de esas noticias que sólo importa en el momento de la tragedia. Un asombro que al instante se olvida; nos olvidamos. Que cada uno se las arregle con su guerra.

Pues eso; yo miraba las imágenes en el televisor y mientras tanto a mi espalda, en la pared nordeste de la casa, se iniciaba una grieta. No la vi llegar. No la esperaba. Una grieta es algo que no va conmigo, a mi casa no le pasará. Por qué preocuparme.

Una tarde un amigo la descubrió. Me advirtió y ya no pude obviarla. Desde cualquier ángulo, a cualquier distancia la veía. Donde me colocara la grieta me miraba. Se agarraba con furia y se retorcía entre las piedras. Crecía y engordaba como una sanguijuela.

Empece a temer que la profundidad fuese tanta que atravesara la pared y peligrase la casa entera…

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Mi Yo Casa – 01

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He de ser sincera y confesar que le dedico poco tiempo a la casa. Me gusta limpia, sí, pero nunca me apetece limpiarla. No encuentro los diez minutos que regalarle y pasar la mopa.

A veces, cuando se acerca un cambio de estación, hago un esfuerzo, algunos días, y le lavo la cara. La pongo guapa. Aunque… sinceramente, prefiero dedicar mi tiempo a otra cosa.

Me costó un gran esfuerzo llegar a tenerla como está, pero hace ya años que sólo la vivo. Conozco todos los rincones con y sin trapo de polvo, me gusta así.

Pues bien, hace un tiempo apareció una grieta en la pared del salón. Al principio no le dí importancia; en una casa con las paredes irregulares, como es la mía, una grieta más o menos no importa. Son cosas de la edad. (Dice el catastro que tiene más de cien años). Lo que empezó a resultar inquietante es que anduvo creciendo un par o tres de días. Yo trataba de obviarla como si no fuera conmigo, pero empecé a no poder mirar hacia otro lado…

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R…

Las notas que tengo a partir de aquí ya no responden a ningún orden, ni tampoco a necesidad alguna de describir síntomas o estados emocionales.

El camino fue difícil, a qué negarlo, y los recuerdos duros. Los días pasaron despacio. La enfermedad siguió su curso y hoy, aunque siga en zona de peligro, ya estoy sana.

La Grieta

Si mi casa no tiene vicios,
ni ofrendas que cumplir;
si no se recuesta el tejado
para cubrir mis sonrojos,
ni se alza el silencio de los muros
para esconderme de intenciones;
si nunca fueron troneras mis ventanas
ni sus cerrojos rencores,
entonces…
¿a qué la grieta?
¿Qué abandono la retuerce,
pretende liberarme o me castiga?
¿No compete a los cimientos
alcanzar la armonía de emociones?
¿Será, acaso, tanta piedra
un trampantojo?

No se ahogaron mis miedos encerrados,
ni templaron jamás tributo alguno
aquellos mantras compartidos.
No hubo remedio providencial
que sofocara mi odio,
ni bebedizo que conciliara
amor y enojo.
No supe de ayuno sin esfuerzo,
ni de catón donde aprender
a moverme con celo
en los afectos.
La desidia preventiva de mi especie
ocupó sin preguntas mi morada.
Di la gracia, cual dios, a la estructura
y caí en el encierro de la nada…

No pretendo el amparo de un legado venenoso,
ni piedad que alivie desazón.
Sería vano entregarse a la quietud
desde esta suerte,
entonces…
¿qué otra cabe?

Aún en ese claroscuro
cabe el verbo,
derramar el momento y encontrarse.
Cabe ahondar
en la grieta
hasta salirse.
Habitar el dolor y completarse.

http://ciudadartenuevo.apps-1and1.net/

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