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Traje de novio … 7/11

(7/11)

                                                                   …  Qué enamorada se ve. No me extraña con lo bueno que está. ¡Qué no! que no puedo verlo como un hombre cualquiera, que es el novio de mi amiga y no estaría bien. Pero es que… ¡está tan bueno que duele! ¿Has visto qué culito? y qué espalda ¡Dios qué espalda tiene!  Se ven felices, qué envidia… ¡Ay! ¿Me he venido sin pañuelos?, a ver. No, en el bolso tampoco llevo, si no cabe nada; pues la he hecho buena con lo llorona que soy. Cuando les oiga el «sí quiero» no me voy a contener… Ojalá estuviera ahí delante… Pensaba que no se casarían nunca, que lo suyo no era tradicional, pero mira, al final todos claudican… ¡Qué guapa está! Si parece una princesa. Y él también ¿eh? ¡Si es que tiene una percha! ¡Vaya percha! ¡Y qué labia! Tan meloso y tan dulce. ¡Ay…! ¿No tendrá un hermano?… La verdad que ha tenido suerte, hombres así no quedan, ya me alegro por ella. Detallista… le llegan rosas cuando menos lo espera. Comprensivo, lo tiene todo, y por lo que me contó en la cama… ¡Uf…! Para… para. Y lo que nos reímos con él, tiene cada salida… ¿A quién le tirará el ramo? Que me lo tire a mí. Dicen que de una boda sale otra boda, que me lo tire. Ya tengo ganas de algo serio. No me quejo, he tenido lo que he querido, pero cuando las amigas empiezan a casarse… entra un no sé qué…   ¡Ay el velo! Que se le engancha el velo. Le decía yo que esos pendientes eran muy largos; pero ella nada, «que los quiero lucir, que me los envió mi suegra». Pues nada, a lucirlos. Si es que el velo sobra en una ceremonia civil, no hace falta ir tan de novia. Pero le hacía ilusión: «de novia, quiero ir vestida de novia» ¡Pues de novia!… No me esperaba eso de ella, la verdad. Tampoco que la vería sentar cabeza, mucho menos establecerse en el pueblo. Me contó que han dado la entrada a un piso, firman en un par de semanas;  aún no lo saben sus padres. Ya me lo enseñará cuando vuelva de su luna de miel… Qué emocionada estaba…  ¡Hágame otra caballero, que tenía los ojos cerrados! Y una más de cuerpo entero, que me tengo que vender. ¡Con lo guapa que voy!… Espero que a partir de ahora nos sigamos viendo igual, «claro que sí, que tonta eres»…

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Confidencias

La primera vez que yo me senté en esta cama, tampoco me llegaban los pies al suelo, como te pasa a ti ahora.

Cuando tu padre nació, la abuela le dio a luz aquí, como me había dado a mi, porque antes se nacía en casa ¿sabes?, no en le hospital como se nace ahora. Se puso enferma después del parto y no se levantó de la cama en mucho tiempo. Yo, me acercaba despacito, si estaba despierta me subía a su lado, le colocaba un almohadón en la espalda y me sentaba con ella para que me cepillara el pelo.

Me gustaba que tu abuela me peinase y me hiciera trenzas.

-¿Tenías seis años?- pregunta la pequeña balanceando los pies entre las patas de la cama.subudlife.com/albums/Susilowati/3624_Secretos...

-No, tenía cinco.

-Y ¿Cómo subías? ¿Eras más alta que yo?

-Nadie es más alta que tú, eres la niña más alta del mundo. Subía como has hecho tú, de un brinco.

-¿Te dejaba dormir con ella?

-Estaba enferma y tenía que dormir solita.

-Pues a mi los papás si que me dejan, me gusta dormir con ellos. Y ¿sabes que?

-Dime cariño- y se acomodan las dos, una frente a la otra, para contar esos grandes secretos que crecen la vida de una y llenan la de la otra.

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