Archivo de la etiqueta: criterio

Desatino

A pesar de habitar el mismo tiempo y el espacio no compartimos universo. Lastima.

universos

Ilustración; Colo. Del libro “Desde aquí”. ciudArte publicaciones

 

Anuncios
Etiquetado ,

Pan con chocolate (2/2)

Colo (2012)

 

(…)

Cada año, cuando se acercaba la Navidad, el cartero nos traía una caja con regalos para la escuela. Don Diego decía que la mandaban del ministerio. Había rompecabezas, juegos de fichas y recortables. Lápices de pintar y bolígrafos. En ocasiones incluían barritas de tiza de colores y recuerdo que una vez nos llegó plastilina. Los libros de lectura, que venían en aquellas cajas, los repartía entre nosotros a condición de que los cambiáramos después de leerlos. En la escuela sólo se quedaban los cuentos, unos libros grandísimos con las tapas duras y dibujos de colores que llenaban la hoja entera. Lo divertido de la clase de lengua era que leer en voz alta le tocara a otro. Mientras uno leía el resto le seguíamos en el libro. El maestro paseaba entre las mesas; se detenía detrás de alguien y escuchabas: ¡sigue! Como te pillara despistado catabas el puntero. Le gustaba que leyésemos entonando. A veces repetía algunas frases con intención de animarnos pero, para mí, que más que leer cantaba. Por las tardes nos daba catecismo, salvo los viernes, que nos volvían a separar y las chicas hacíamos labor con Rosa María.

Al «Palo ciego» jugábamos con bombillas fundidas si no teníamos huevos. La gallina inglesa de mis abuelos casi siempre estaba incubando. Vigilábamos su corral a diario y cuando salía la parvada, la abuela nos daba los huevos que no picaban. En el Pilón había un rodal grande de arena perfecto para jugar. Íbamos con los huevos podridos y con un garrote. El huevo se enterraba en un buen montón de tierra y a quien le tocara, se le tapaban los ojos con un pañuelo. Lo girábamos entre todos tres o cuatro vueltas, y luego disponía de cinco oportunidades para romperlo a garrotazos. De no conseguirlo, le tocaba a otro. Los turnos se echaban a suertes porque la mayoría de veces sólo jugaba el primero. Lo mejor venía al acabar, cuando retirabas la arena para ver el pollo. Un engendro acurrucado de ojos cerrados en el que todo era pico. Algunos tenían la piel rosada y llena de granos, en otros, la piel se transparentaba y se veía una masa morada con garabatos negros. ¡Tan feos! Menos mal, decíamos, que nuestras madres no ponen huevos y no tenemos que pasar por esto.

Los maestros nos recomendaban ir a misa, al menos, una vez a la semana. Pero un día de noviembre la asistencia era obligada. Acudíamos a la iglesia con la ropa de los domingos y nos sentaban a todos juntos en las primeras filas. A los mayores que habían pasado la Comunión, si estaban recién confesados, les dejaban comulgar. Yo no sabía cuando me tenía que arrodillar o cuando ponerme de pie, por eso me dejaba llevar por el resto. Y si no conocía alguna respuesta, lo disimulaba moviendo los labios para que no me vieran. Acabábamos  con una canción que nos sabíamos todos. Cuando lo que se celebraba era una boda no hacía falta que nos mandaran. Íbamos a todas.  Al salir de misa, los padrinos tiraban al aire caramelos y la plaza se convertía en un bullidor de chiquillos. De la de Román con Pilar nos enteramos al día siguiente pero mi madre me dijo que en esa no hubo caramelos.

A «Guerra» jugábamos con los soldaditos que vendía el turronero ambulante el día de la fiesta de San Roque. A primera hora de la tarde, antes de la procesión, desplegaba una mesa en la plaza y la llenaba de dulces. Ofrecía peladillas, turrones o chupachús. De todo. Llevaba unos chupos largos de caramelo que te duraban toda la tarde. También había pipas saladas o cacahuetes, y como tuvieras un duro podías comprar tebeos.

En el último trimestre, cuando se aproximaban los exámenes finales, Don Diego dejaba la escuela abierta después de las cinco por si alguno quería estudiar. Pero antes, nos hacía salir al trinquete a merendar y a correr un rato. Me gustaba merendar pan con chocolate, bueno…, lo que  me gustaba era el chocolate. Le pedía a mi madre que no le quitase la envoltura de papel cuando me preparaba la merienda, para separarlo sin que se pegara una miga de pan. Me comía el pan solo y luego disfrutaba el bollo de chocolate, una barra dura y redonda que cuando la mordías se deshacía en la boca como si fuera tierra.  El último trocito me lo guardaba en la lengua sin tocarlo con los dientes para que durara. Volvíamos a clase pocos, y mejor así porque podíamos preguntar.

Don Diego se quedaba leyendo en su mesa, o salía a fumar un cigarro sentado en la barbacana, pero no cerraba hasta bien de noche. Alguna vez acudía Román; sus padres le habían sacado de la escuela aunque el maestro se empeñó en que acabara el curso. Le daba clase a él solo antes de cenar. Yo me iba cuando se hacía la hora de esperar el ganado. Muchos vecinos, como mi padre, que tenían pocas ovejas, se agruparon para sacarlas al monte. Juntaron los hatajos y sólo hacía falta un pastor. Según las cabezas que aportaba cada uno así le tocaban días de tanda. A su vuelta por la noche las destajaban. Los chiquillos acudíamos a buscarlas al sitio por donde entraba el pastor. Cuidando que no se azoraran ellas mismas se separaban. Cada uno se llevaba a encerrar las suyas y como te descuidaras llegaban al corral antes que tú.

En la Calleja, frente al patio de la abuela de Pilar, había un bancal perfecto para jugar a «La Toña». Era un juego de pastores y hacían falta garrotes; pero cuando no los teníamos nos servía cualquier astil, incluso un palo que midiera poco menos de un metro. Para toña buscábamos un tronco corto y ligero que fuera fácil de lanzar. Una vez que tiraba yo, la golpearon tan fuerte que voló hasta el patio de enfrente. Entré a recuperarla y vi a Pilar sentada en un resol junto a su abuela. Desde la noche que los casaron, ella y Román tenían un cuarto allí. Estaba tejiendo unos peuquitos de color de rosa. Me parecieron tan bonitos que me olvidé de la toña. Le pedí que me enseñara su muñeca pero antes de que ella hablara su abuela me echó del patio. Esto no es ningún juego, me dijo, esto es una penitencia. Cuando volví al bancal ya se habían ido todos…

 Del libro: “Desde aquí”

Etiquetado , , ,

Traje de novio …11/11

Y el último 11/11

 

                                                                 …  ¿Y cómo se tiene en pie este tío? ¡Si parece que no tenga fondo! No hace más de dos horas que salíamos de aquel antro y está como una rosa. Pues que yo sepa meterse no se mete nada, lo llevará en los genes. «Hacemos los tratos que quieras, le dije, pero con las drogas no trago»… Me ha gustado conocerle, y me viene bien; cuando salgo con él Teresa se queda tranquila, no replica ¡Si ella supiera! Lo dejamos bien claro desde el principio, ni tú me delatas ni yo te delato, y tan amigos. Tampoco es que salimos tantas veces juntos, alguna escapadita de vez en cuando, una tarde de fútbol, una noche de copas, poca cosa… La de ayer sí que fue gorda. Pero había excusa. Una despedida de soltero ¡es una despedida de soltero!, y hay protocolos que no se pueden saltar por muy cuñado tuyo que sea el novio. No pensaba yo que nos iba a tumbar a todos… ¡Uf! La cabeza me estalla. Voy a salir en las fotos con gafas de sol. Da igual, ¡a ver quién es el guapo que se las quita!… ¡Ay hermanita! Que te han pillado, con lo rebelde que has sido siempre. ¡Se te ha pegado cada cosa! Éste es noble. Se nota que te quiere. ¡Hombre…! Algún accidente ferroviario ha tenido, que somos humanos. Un desliz lo tiene cualquiera; pero tranquila hermanita, ha sido de cintura abajo que yo también sé de eso. Entiéndeme, no te lo puedo contar todo… No acabo de ver las prisas. No creo que estés preñada ni que hubiera que correr por eso. Me extraña, además, ¿para qué queríais saber lo de la ley de separación de bienes, si al final no os habéis esperado?, ya le dije yo al Indio que no entraba en vigor hasta que se publicara en el BOE, y eso será el mes que viene. Digo yo que por un mes, tampoco era esperar demasiado. En fin, vosotros sabréis… ¡Ay Dios! ¿Te lo dijo?…

Etiquetado , , , , , ,

Traje de novio … 10/11

(10/11)

                                                                      …  ¿Qué necesidad teníamos de pasar por esto, mi vida? ¿Acaso no estamos bien? Para qué tanta historia de boda y banquete; con el dinero que nos va a costar hacíamos la reforma en la cocina. Total, para contentar a tu madre, que al fin y al cabo otra razón no hay… Claro que mis papeles estarán más rápido, pero eso no importa; se trataba de acercarnos a Galicia, buscar la partida de nacimiento de mi abuelo y punto ¡los papeles! Pero no, había que casarse, pues nada, nos casamos. Casado o soltero te quiero igual, ya te lo dije; lo supe en cuanto te conocí. La primera vez que te vi se me encogió el ombligo. La mujer de mi vida… ¡Hoy sí!… Lo peor de todo este traje, nunca pensé que me pondría otro desde el que me prestó el gabacho. Me venía pequeño pero dio el pego. Con tanto folleto vacacional y aquella ropa prestada, entré como ejecutivo de vacaciones… Con la corbata no trago, cariño,  aunque te empeñes… Ha sido  una suerte conocerte. Las cosas me han ido bien. Tus amigos me acogieron en su casa y se  hicieron los míos. Me dieron una silla en su mesa… Recuerdo cuando Riki llegó con un jamón y un cuchillo bien afilado y los plantó en el poyo de la cocina. «Cuando se acabe pondremos otro», yo sabía lo grande que era un jamón porque había cuidado cerdos. Cada vez que pasaba  cortaba un tajo y ¡lo mandaba pa´dentro! Todos los caminos llevaban a la cocina, ¡qué bien olía! Aquel y el siguiente, y el otro, porque siempre había un jamón y una botella de vino para el Indio. Así fue como empezó a llamarme, y a mí me gusta…  ¡Uf!… ¡Vaya susto te has dado! Hazme otra anda, si serán aburridas estas fotos…   No me lo creo aún, acostumbrado como estaba a caer de espaldas y partirme la nariz… ¡no me esperaba esta suerte!…Cuando veía pasar un avión, entre el humo de las cañas, contaba los días que me faltaban para volar a mí. Salí…  ¡Y le ha entrado un clavo a esta tierra, que no habrá Dios que lo saque!… Y si tú quieres que nos casemos, pues nada, nos casamos; eso sí, cuanto antes, antes que cambien las cosas; ya que lo hacemos hagámoslo bien, no vaya a ser en balde… Qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se ensarta

//

Etiquetado , , , , ,

Traje de novio … 7/11

(7/11)

                                                                   …  Qué enamorada se ve. No me extraña con lo bueno que está. ¡Qué no! que no puedo verlo como un hombre cualquiera, que es el novio de mi amiga y no estaría bien. Pero es que… ¡está tan bueno que duele! ¿Has visto qué culito? y qué espalda ¡Dios qué espalda tiene!  Se ven felices, qué envidia… ¡Ay! ¿Me he venido sin pañuelos?, a ver. No, en el bolso tampoco llevo, si no cabe nada; pues la he hecho buena con lo llorona que soy. Cuando les oiga el «sí quiero» no me voy a contener… Ojalá estuviera ahí delante… Pensaba que no se casarían nunca, que lo suyo no era tradicional, pero mira, al final todos claudican… ¡Qué guapa está! Si parece una princesa. Y él también ¿eh? ¡Si es que tiene una percha! ¡Vaya percha! ¡Y qué labia! Tan meloso y tan dulce. ¡Ay…! ¿No tendrá un hermano?… La verdad que ha tenido suerte, hombres así no quedan, ya me alegro por ella. Detallista… le llegan rosas cuando menos lo espera. Comprensivo, lo tiene todo, y por lo que me contó en la cama… ¡Uf…! Para… para. Y lo que nos reímos con él, tiene cada salida… ¿A quién le tirará el ramo? Que me lo tire a mí. Dicen que de una boda sale otra boda, que me lo tire. Ya tengo ganas de algo serio. No me quejo, he tenido lo que he querido, pero cuando las amigas empiezan a casarse… entra un no sé qué…   ¡Ay el velo! Que se le engancha el velo. Le decía yo que esos pendientes eran muy largos; pero ella nada, «que los quiero lucir, que me los envió mi suegra». Pues nada, a lucirlos. Si es que el velo sobra en una ceremonia civil, no hace falta ir tan de novia. Pero le hacía ilusión: «de novia, quiero ir vestida de novia» ¡Pues de novia!… No me esperaba eso de ella, la verdad. Tampoco que la vería sentar cabeza, mucho menos establecerse en el pueblo. Me contó que han dado la entrada a un piso, firman en un par de semanas;  aún no lo saben sus padres. Ya me lo enseñará cuando vuelva de su luna de miel… Qué emocionada estaba…  ¡Hágame otra caballero, que tenía los ojos cerrados! Y una más de cuerpo entero, que me tengo que vender. ¡Con lo guapa que voy!… Espero que a partir de ahora nos sigamos viendo igual, «claro que sí, que tonta eres»…

Etiquetado , , , ,

Cobardía

http://ilusionesopticas.org/impresionante-arte-optico-con-sombras/

——

——

——-

No te esfuerces, cariño, en contarme mentiras, que ahora ya sé creer en las mías.

Etiquetado , , ,

Perspectiva

Ayer mi amiga tenía hora en el oculista, se preveía una visita larga porque habían de dilatar sus pupilas, la acompañé y claro, pasé mucho rato en la sala de espera.

Comparten clínica tres oftalmólogos, según atendían unos pacientes y llegaban los siguientes, la sala estaba, por momentos, llena o vacía. Los acompañantes esperaban, como yo, leyendo una de esas revistas que siempre hay en las salas de espera o hablando con su vecino de asiento. Me llamó especialmente la atención una niña que ocupaba un lugar frente al mío. Debía tener unos cinco años y estaba, acompañada de su padre, entusiasmada en la construcción de un puzle. De rodillas en el suelo llegaba perfectamente a la pequeña mesa de cristal donde tenía esparcidas las piezas. Cuando llegó su turno, le molestó tanto entrar en la consulta y dejar su trabajo a medias, que su padre hubo de consentir al salir, volver a él y terminarlo antes de abandonar definitivamente la clínica. Me recreé observándola y disfruté, casi tanto como ella, del premio emocional de haberlo conseguido. Después, con mucho cuidado al principio, llegó el momento extraordinario y colosal de su destrucción, y de volver a meter las piezas en la caja. Me gustó la disciplina metódica y organizada de su capacidad infantil y me sorprendió primero, que en la sala de espera del oculista hubiera un puzle al que no le faltasen piezas, y segundo, el cuidado que puso la niña en guardarlas todas para que continuara estando completo.

Como quiera que la visita de mi amiga se prolongaba bajé a la calle a tomar un café, por hacer tiempo, y a la vuelta entré de nuevo en la sala de espera. Algunos de los pacientes seguían allí y otros habían cambiado. Me senté en una silla libre distinta a la que había ocupado un ratito antes, desde ella,  la perspectiva que yo tenía de la sala era otra; la pequeña mesa de cristal, ahora despejada, estaba a mi lado y podía ver la estantería con los puzles destinados al público infantil. Me quedé mirando el suelo, está decorado con un hermoso mosaico de pequeñas baldosas en tonos pastel. Cuando mi vista seguía el trazado de una de las cenefas tropezó con una pieza del puzle que, extraviada, descansaba junto a las patas de la mesa de cristal.

Etiquetado , ,

Crédulos

Un buen amigo me recomendó que para escribir paseara, que paseara mucho, que caminara por la naturaleza como si lo hiciera por un museo. Reconozco, mea culpa, que no he hecho demasiado caso. Estoy perezosa y últimamente apenas escribo. Ayer lo hice, pasear digo, que no escribir.

Mi casa está cerca de una vieja montaña en las laderas del Sistema Ibérico. Vieja, muy vieja, a poco que hurgues encuentras un dinosaurio. Pues bien, ayer me acerqué a contemplarla. Desde hace unos meses le están colocando una terrible diadema de aerogeneradores, le han aparecido unas largas calvas de asfalto y la línea de evacuación de energía parece la raya al medio de un peinado decadente.

Mientras yo miraba ese carnaval disfrazado de sostenibilidad me pareció que la montaña sonreía. Supongo que será por ignorancia, pero me es más fácil comunicarme con las cosas si les doy cualidades humanas. Creo que me miraba como quien mira a un ingenuo, ojo, que no inocente. Pienso que le hace gracia esta cultura sostenible, que ni es cultura ni es sostenible, porque sabe que, dentro de muy poco, seremos una anécdota, una línea más en su catálogo de especies extintas.

Hoy volveré para continuar esa conversación que ayer dejamos a medias, mejor dicho, para escuchar lo que la montaña quiere decirme y que yo, un simple ser humano, aunque viviera otros cien mil años, jamás entenderé.

Ella es sabia y tiene paciencia, mucha paciencia, y tiempo.

Etiquetado , , ,

Criterio

Lo consideraba una nimiedad y por eso no le hizo hueco en la estantería de los triunfos. Aquella tarde, su sobrino lo descubrió al abrir uno de los cajones, y con la curiosidad infantil que desarma al adulto mas firme le preguntó:

─¿Te dieron un premio?

─Si, por escribir un cuento ─contestó─.

─Y ¿Qué te dieron? ─volvió a preguntar el pequeño.

─Nada, poca cosa, ─dijo quitándole importancia─ ese diploma y doscientos euros.

─¡Hala! Y te parece poco.

Etiquetado
Anuncios