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Carta a los Reyes Magos

Sí, envío mi carta a los Magos de Oriente en el mes de junio. Pretendo evitar, dada la importancia de mi petición, que la masificación de diciembre y enero la hagan pasar desapercibida.
Esta vez quiero algo que, a pesar de no ser material, presumo muy rentable:
Quiero ser objetiva; objetiva de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Nada más… ni menos!

almendros

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Desatino

A pesar de habitar el mismo tiempo y el espacio no compartimos universo. Lastima.

universos

Ilustración; Colo. Del libro “Desde aquí”. ciudArte publicaciones

 

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Lugares

portada

Hay lugares que llegan a tu vida para quedarse. Sin buscarlos. Sin pretenderlos. Encuentran fisuras en tus certezas y se filtran discretos. Lugares que irrumpen en silencio al vacío de tus prisas y lo colman. Y reclaman tu atención para que mires adentro… y afuera.

Hay lugares poblados de palabras generosas que te mostraran el camino…

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Mirada

La contemplación, desde un punto observatorio privilegiado donde nada pueda sorprenderte por la espalda, cobra otra dimensión. Parece incluso que la perspectiva se haga distinta. Cuando el miedo desaparece o pierde valor, cuando la intención se hace independiente y nada se interpone entre observado y observante la interpretación de la mirada es honesta, libre.

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Perspectiva

Ayer mi amiga tenía hora en el oculista, se preveía una visita larga porque habían de dilatar sus pupilas, la acompañé y claro, pasé mucho rato en la sala de espera.

Comparten clínica tres oftalmólogos, según atendían unos pacientes y llegaban los siguientes, la sala estaba, por momentos, llena o vacía. Los acompañantes esperaban, como yo, leyendo una de esas revistas que siempre hay en las salas de espera o hablando con su vecino de asiento. Me llamó especialmente la atención una niña que ocupaba un lugar frente al mío. Debía tener unos cinco años y estaba, acompañada de su padre, entusiasmada en la construcción de un puzle. De rodillas en el suelo llegaba perfectamente a la pequeña mesa de cristal donde tenía esparcidas las piezas. Cuando llegó su turno, le molestó tanto entrar en la consulta y dejar su trabajo a medias, que su padre hubo de consentir al salir, volver a él y terminarlo antes de abandonar definitivamente la clínica. Me recreé observándola y disfruté, casi tanto como ella, del premio emocional de haberlo conseguido. Después, con mucho cuidado al principio, llegó el momento extraordinario y colosal de su destrucción, y de volver a meter las piezas en la caja. Me gustó la disciplina metódica y organizada de su capacidad infantil y me sorprendió primero, que en la sala de espera del oculista hubiera un puzle al que no le faltasen piezas, y segundo, el cuidado que puso la niña en guardarlas todas para que continuara estando completo.

Como quiera que la visita de mi amiga se prolongaba bajé a la calle a tomar un café, por hacer tiempo, y a la vuelta entré de nuevo en la sala de espera. Algunos de los pacientes seguían allí y otros habían cambiado. Me senté en una silla libre distinta a la que había ocupado un ratito antes, desde ella,  la perspectiva que yo tenía de la sala era otra; la pequeña mesa de cristal, ahora despejada, estaba a mi lado y podía ver la estantería con los puzles destinados al público infantil. Me quedé mirando el suelo, está decorado con un hermoso mosaico de pequeñas baldosas en tonos pastel. Cuando mi vista seguía el trazado de una de las cenefas tropezó con una pieza del puzle que, extraviada, descansaba junto a las patas de la mesa de cristal.

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Lugares

bailarina-victoria

La “Bailarina” encontró su sitio.

¡Eso me lleva por delante!

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