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Nutrición

Una vieja, que hacia punto sentada en un carasol, se encargaba de custodiar los tres árboles frutales de un descuidado jardín. Una tarde llegó una joven hambrienta y le preguntó si podía coger algo de fruta.

-Si, claro, puedes comer cuanto quieras, –dijo la vieja- pero elige bien, cuando hayas probado la fruta de un árbol ya no podrás hacerlo de otro.

-Y ¿Cuál es la diferencia?, –preguntó la joven- los tres parecen iguales.

-Lo son, -contesto la anciana- los tres son de la misma especie, la misma variedad y fueron plantados en la misma época. La estación en que maduran sus frutos es lo que varía. Uno, es el árbol del pasado y su fruta podrida te dañaría el estómago; otro, es el del futuro y la acidez de su fruta verde llenaría tu boca de llagas; sólo un árbol, el del presente, tiene la fruta sabrosa y madura. Tú eliges el árbol del que alimentarte.

La joven se acercó a uno de los tres y le pareció el adecuado, sus frutos tenían el color rojizo de lozanía y la luz del atardecer daba a su piel una brillantez apetitosa. Cuando se disponía a coger una pieza, un sabor fresco y dulce le vino a la boca, sus papilas Árbol de la vida (Norma Chávez Pérez)recordaron gusto y textura. Un instinto la contuvo, ¿acaso la había comido ya? Decidió entonces acercarse a los otros dos y contemplar las frutas antes de hacer elección. En el siguiente, los rayos de sol se colaban entre las hojas envolviendo los frutos en destellos de colores. Bocados sabrosos, tentaciones tan apetecibles que a punto estuvo de alargar la mano y alcanzar una; algo la frenó, su olfato no encontró ningún estimulo, echaba en falta el aroma. Se dio la vuelta y miró a la vieja esperando en su cara una señal, pero seguía haciendo punto con la cabeza agachada sobre las agujas. Se arrimó entonces al tercero, en cuanto entró bajo sus ramas reconoció la fruta madura, alzó su mano y tomó una pieza, al primer mordisco sus cinco sentidos se batieron en palmas. Saboreó una tras otra hasta que sació su apetito.

Quiso dar las gracias a la vieja antes de irse, pero ya no estaba, en su lugar había una hermosa bufanda, la colocó alrededor de su cuello y salió esbozando una tímida sonrisa.

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