Archivo de la etiqueta: viaje

R.78

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31 julio 2016

No sé cuanto llevo desde el principio, pero me siento cansada. El estómago sigue avisándome de que está ahí cada tanto.

He perdido algunos sentidos, no sólo el gusto -parece que llevo una moneda en la boca todo el día-, también el tacto es raro, liso, sin huella. La vista la tengo pobre y si hubiera un sentido de la intención -que no sé con qué órgano la identificaría- lo tendría en las últimas.

¡¡Mañana anestesista!!

 

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R.77

30 julio 2016

Ayer llegué a enfadarme. Estoy ansiosa y vuelvo a comer de forma compulsiva. Los nervios me pueden.

Descanso más, tengo más fuerzas, más de todo pero menos ganas. La apatía me puede. He de cambiar eso. No sé si está en mi mano…

 

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R.76

29 julio 2016

Se me pasan los días sin escribir. No sé la razón, pero estoy en una apatía inmensa. Cansada, sin ganas de nada, solo deseando que pasen las horas.

Ojalá que luego se recuperen esas ganas. No seré feliz si no vuelvo a escribir.

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R.75

27 julio 2016

Hoy he comido en Baldovar. A mis viejos les está viniendo muy grande ésto. Creo que tienen mucho miedo y los nervios les juegan malas pasadas. Debe ser muy duro para ellos. No consigo ponerme en su lugar. Trato de que normalicen la situación pero no quieren ni hablar del tema. Me duele.

Les quiero y creo que no se lo he dicho nunca.

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R.69

20 julio 2016

Día 15 desde la última quimio.

Estoy bien; he bajado un rato por el pueblo y me ha venido bien el cariño de la gente. Se alegran de verme.

Me han hecho la analítica y el electro, todo normal. ¡He engordado!

También he visto a Diego, tiene un aspecto estupendo, está guapo. Se lo he dicho.

Ah! Felicidades, Carlos, por aprobar la teórica. Ahora a por la práctica. Te quiero.

 

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R.68

19 julio 2016

Ayer fue un día raro, cansancio extraño. No escribí, pero no por no poder hacerlo sino por apatía. Hoy parece que estoy mejor, aunque no sé…

Tengo poco vocabulario y no puedo pensar mucho. Me cuesta escribir.

Hoy por fin es el primer día sin tabaco!!

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R.67

 

 

 

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18 julio 2016

Día 13 de la “tregua”.

No escribí nada.

 

 

 

 

 

 

 

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R.57

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7 julio 2016

Nada

 

 

 

 

 

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8 marzo

MUJERES TRABAJADORAS

MÁS ALLÁ DE LA MONTALBANA

Todas éstas mujeres necesitan de una sociedad que les alivie el camino o quizás sólo que no les interrumpa el que ya han emprendido. Que se atreva a mirarlas, a tomarlas como referente para establecer prioridades o para educar a sus hijos. Que las escuche, que les permita protagonizar su propio relato y ser ese punto de apoyo que mueva el mundo.

Éstas y todas las demás mujeres necesitan que hoy la “noticia” sean ellas y así, tal vez, en adelante no abramos los telediarios con asesinatos, con desigualdades o con despoblación.”

+TURIA

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R.45

25 junio 2016

Ayer no escribí. Creo que estoy perdiendo la concentración. La vuelta a casa no fue buena, tuve que echar mano del tratamiento de choque. En fin…

Hoy parezco más centrada. Me he levantado mejor e incluso tengo ganas de escribir. Me han pinchado en casa y no tengo que salir. Que grande el equipo de atención primaria. He desayunado con ellos.

Las náuseas están remitiendo y no he dormido del todo mal. Veremos que tal el día, se presume normal.

Estamos en jornada de reflexión, mañana bajaré a votar.

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R.43

21 junio 2016

Ayer no escribí nada. Todo fue según lo previsto. Entramos en el tercer ciclo. La Dra. Hidalgo confía en que todo estará bien y que cuando acabemos con éste podré entrar a quirófano. Veremos que pasa.

El de hoy ha sido un gotero raro. Me han dado nauseas, suaves, pero se me ha hecho muy largo. Vuelvo ahora del Hospital de Día y estoy agotada, quiero que todo termine.

La lectura que me ha acompañado ésta mañana: “Cartas a un joven poeta” de Rilke. Fantástico, claro. He de sacar algunos párrafos antes de regalar el libro a mis sobrinos. Lo traje para Carlos. Cuando crezcan un poco, los tres, lo volverán a leer y les encantará, estoy segura. Les quiero.

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R.8

16 mayo 2016

Hoy, al despertar, parecía que el incendio de neumáticos de Seseña se estaba librando en mi estómago. El mal sabor y el calor que me subía por el esófago habría tumbado a cualquiera que hubiese aceptado mis buenos días, suerte que los he dado por teléfono.

En fin… todo bien.

He dormido, he desayunado y he ido al baño como cualquier persona sana, ¿por qué voy a pensar que no lo estoy?

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La grieta

A veces te vacías en un texto, a veces…, sólo a veces!metafora

 

Si mi casa no tiene vicios,
ni ofrendas que cumplir;
si no se recuesta el tejado
para cubrir mis sonrojos,
ni se alza el silencio de los murosgrieta
para esconderme de intenciones;
si nunca fueron troneras mis ventanas
ni sus cerrojos rencores,
entonces…
¿a qué la grieta?
¿Qué abandono la retuerce,
pretende liberarme o me castiga?
¿No compete a los cimientos
alcanzar la armonía de emociones?
¿Será, acaso, tanta piedra
un trampantojo?

No se ahogaron mis miedos encerrados,
ni templaron jamás tributo alguno
aquellos mantras compartidos.
No hubo remedio providencial
que sofocara mi odio,
ni bebedizo que conciliara
amor y enojo.
No supe de ayuno sin esfuerzo,
ni de catón donde aprender
a moverme con celo
en los afectos.
La desidia preventiva de mi especie
ocupó sin preguntas mi morada.
Di la gracia, cual dios, a la estructura
y caí en el encierro de la nada…

No pretendo el amparo de un legado venenoso,
ni piedad que alivie desazón.
Sería vano entregarse a la quietud
desde esta suerte,
entonces…
¿qué otra cabe?

Aún en ese claroscuro
cabe el verbo,
derramar el momento y encontrarse.
Cabe ahondar
en la grieta
hasta salirse.
Habitar el dolor y completarse.

Del libro: “Lo Personal y lo Poético”  .pdf

http://ciudadartenuevo.apps-1and1.net/

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La Chelvana

También aquella era una mañana de invierno. El camino crujía bajo las suelas de los zapatos; brillaba como si cientos de estrellas hubiesen caído y estallado en pedazos al llegar al suelo. Me llevaban al dentista porque mis dientes de leche se resistían a pesar de despuntar los definitivos. Tenía miedo, sí, y frío, pero la emoción de viajar por primera vez en la Chelvana los dominaba. Iba a conocer por fin, hasta dónde llegaba la carretera una vez cruzados los pinos de la Montalbana. Quizás el relente sea igual cada madrugada y el frío sólo dependa del abrigo que vistas en la espera. En esta, ni la más tupida piel templaría el hielo de mis huesos. Recuerdo aquel chaquetón de gabardina, heredado de mi prima, y a mi cuerpo jugando al escondite entre sus costuras. La bufanda embozándome hasta las orejas, y el aliento humedeciendo las fibras rasposas que enrojecían mi barbilla a cada sonrisa. El mismo respirar helado que ahora es helado desde dentro entonces se enfriaba al llegar afuera. Mis puños apretaban el forro de los bolsillos buscando un desgarrón por el que frotar los nudillos con la guata, y mis rodillas parecían bolas enrojecidas saltando a la pata coja entre el bajo del vestido y la goma de los calcetines.

Una carrancla ruidosa se acercaba desde los Arcos y pasaba de largo. Tardaba cinco minutos en dar la vuelta en la plaza y volver a la parada apestando a gasoil. Eran pocos: no daba tiempo a contar las farolas encendidas ni a leer los carteles de las paredes de la caseta. Hoy son coches más nuevos los autobuses que cubren la ruta. La Chelvana es más silenciosa, más vacía, igual de puntual. Una mirada oblicua es más que suficiente para desconfiar de las promesas de cambio que se solapan en los bandos del tablón de anuncios, y cinco minutos son muchos esperando un autobús para huir de la quimera.

La frenada pareció un pinchazo largo, como si saliera todo el aire de las ruedas; las piezas campanearon volviendo a su sitio, recomponiéndose hasta quedarse quietas. Abrió las puertas de golpe y se desplegaron un par de escalones. Yo debía levantar poco porque mi padre me aupó para alcanzar los pasamanos y entrar en el coche. Tampoco sentada me llegaban los pies al suelo, pero los parapeté en el respaldo del asiento delantero porque me deslizaba con el escay. Me dejaron el lado de la ventanilla para que disfrutara del camino. No entendí que la llamasen así cuando era una ventana más grande que la de mi cuarto pero me gustóAnnie Griffiths Belt: Autobús al amanecer el sitio. Afuera aún estaba oscuro y el cristal reflejaba el interior, podía ver como se quedaba dormido el señor del otro lado del pasillo sin que él se enterara. Mi cuerpo se acompasó con el movimiento del coche, hacía calorcito, sonaba la radio,… Lo siguiente fue despertar con el sol en los ojos y mi padre diciéndome: venga, vamos, que hemos llegado.

Esta mañana el conductor ha bajado a ayudarme con las maletas antes de subir al autobús, después, él mismo, ha cobrado mi billete sencillo. Apenas un par de viajeros ocupan los primeros asientos pero he preferido sentarme en los últimos. Mirar por la ventana trasera es como tardar un poco más en alejarse.

Las visitas al dentista se repitieron durante un par de años. Mi padre me entretenía en el trayecto haciéndome adivinar el nombre del pueblo siguiente. Recuerdo algunas de las pistas que memorizaba para no defraudarle: Por La Yesa pasábamos de noche; la carretera parecía acabar en el muro de una casa de piedra, pero la Chelvana se colaba entre las farolas, rozándolas, y cruzaba por medio del pueblo. Cuando las montañas se iban quedando atrás y empezaba el amanecer llegábamos a Higueruelas; me contaban que, en una mañana despejada, desde las Peñas de Dios se veía el mar. Yo reconocía las Peñas por la enorme cruz que las coronaba pero nunca logré ver el mar. El primer tren lo descubrí a la entrada del Villar, siempre parado. Casualmente coincidía con el horario del autobús, pero nunca vi ni dentro ni subir a ningún viajero. Tiempo después me di cuenta de que se trataba de un solo vagón, sin maquina, y de que estaba plantado decorando un jardín. En Casinos subía una señora con una cesta a vender peladillas y Liria era ya una ciudad con muchos semáforos.

Durante años, la Chelvana ha unido mi centro con la periferia. Acercándome a las pocas cosas que no encontraba en estas montañas me ha hecho crecer. Fuimos con ella al viaje de fin de curso al terminar en la escuela; recuerdo que un grupo insistimos en pasar la noche en el autobús, en lugar de dormir en el hotel, el conductor me hizo responsable dejándome las llaves y aquella responsabilidad me alivió del frío. Con la Chelvana acudí también a mi primer concierto en Valencia: un roquero sudoroso en camiseta y pantalón de rayas que llenó el estadio. En estos asientos he dado los últimos repasos al temario de algún examen en el instituto, las últimas cabezadas de los lunes llegando a la facultad,… En este mismo coche he ido de compras o al cine. Me llevó por primera vez al teatro y resultó ser también mi primera manifestación porque vimos “La Madre”, de Gorki, los actores se mezclaban con el público y desplegaban pancartas en las protestas…

Hacía tiempo que no cogía el autobús. Cuando decidí que nada que estuviera fuera de estos montes me era necesario, mis viajes se hicieron menos frecuentes. Hoy la decisión no ha sido mía. Me sorprendió el desencanto, no lo vi llegar. Soy culpable de la torpeza… Una vez más éste coche y ésta ruta me llevan a un primer encuentro. A un nuevo punto de partida. Está amaneciendo. Sembrados y cunetas se desperezan cubiertos de escarcha como tantas mañanas de invierno. Comienza a clarear entre los pinos. La hora violeta asoma despacio, tranquila… Pronto llegaremos a la Atalaya y el cielo parece despejado. Quién sabe… quizás esta vez pueda ver el mar.

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Traje de novio … 9/11

(9/11)

                                                                                         …  ¿Qué pensará el viejo verde que no hace más que mirarme el escote? ¡Sí no paras, le contaré a tu mujer de qué me conoces! ¡Vaya por Dios! No había tenido tan cerca al Alcalde con la ropa puesta. No te pongas nervioso, Alcalde, ¡qué no muerdo! Se creía el Indio que me iba a faltar valor, no me conoce. «Que no tengo más familia que tú». Pues aquí me tienes; y si hubieras ido a la iglesia igual, yo te llevo al altar y donde haga falta, cariño. Que a mí no me ha tratado nadie como lo has hecho tú. ¿Te acuerdas cuando nos presentó María? «Te presento a mi novio». ¡Qué guapo me pareciste! Las ligas que hemos hecho después tú y yo. Como hermanos ¿eh? Como hermanos nos hemos llevado siempre, que ella era mi amiga antes que tú y no la traiciono ni por todo el oro del mundo. Bien que lo sabe. Pero estar lejos une mucho. Las lágrimas que habremos soltado a pie de barra. Y esas veces que me has llevado a un domicilio. «Cualquier problema me llamas, que estoy aquí abajo» Sin chulerías hermano, eso no tiene precio… Para ti la amistad es lo más grande… Se te humedecían los ojos cuando me contabas cómo habías entrado después de que te echaran del aeropuerto. «Siempre hay desconocidos generosos, me decías, vecinos de un primo que conoce a un hermano que cuentan que un día quiso cruzar». La de veces que he escuchado aquella historia tan distinta y tan igual a la mía. «No te mortifiques Reme, me decías, si estás aquí es porque quieres»,  y tienes razón. Yo salí de mi tierra por hambre y cuando tu novia me encontró en aquel piso estaba molida a golpes. Te quedas porque crees que no te mereces nada, que es lo mejor que vas a conseguir… Ella me enseñó que no era así y me ayudó a salir, me juré que un hombre no me volvía a poner la mano donde yo no quisiera… Aquí aterricé porque quise. Estoy bien. Es difícil, pero me cuidan. Si un cliente no me huele bien ¡puerta!… Ya tengo un dinerito ahorrado para buscar otra vida, pero chico ¡ésta me gusta! Y no me digas tú a mí que no es más legal cobrar en dinero que en favores. Luego las putas nosotras… ¡Virgencita! Si es que me desparramo… ¡A ver Reme, saca pecho que te están enfocando!…

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