Desde el Calvario

Febrero 3, 2010

Perspectiva

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Ayer mi amiga tenía hora en el oculista, se preveía una visita larga porque habían de dilatar sus pupilas, la acompañé y claro, pasé mucho rato en la sala de espera.

Comparten clínica tres oftalmólogos, según atendían unos pacientes y llegaban los siguientes, la sala estaba, por momentos, llena o vacía. Los acompañantes esperaban, como yo, leyendo una de esas revistas que siempre hay en las salas de espera o hablando con su vecino de asiento. Me llamó especialmente la atención una niña que ocupaba un lugar frente al mío. Debía tener unos cinco años y estaba, acompañada de su padre, entusiasmada en la construcción de un puzle. De rodillas en el suelo llegaba perfectamente a la pequeña mesa de cristal donde tenía esparcidas las piezas. Cuando llegó su turno, le molestó tanto entrar en la consulta y dejar su trabajo a medias, que su padre hubo de consentir al salir, volver a él y terminarlo antes de abandonar definitivamente la clínica. Me recreé observándola y disfruté, casi tanto como ella, del premio emocional de haberlo conseguido. Después, con mucho cuidado al principio, llegó el momento extraordinario y colosal de su destrucción, y de volver a meter las piezas en la caja. Me gustó la disciplina metódica y organizada de su capacidad infantil y me sorprendió primero, que en la sala de espera del oculista hubiera un puzle al que no le faltasen piezas, y segundo, el cuidado que puso la niña en guardarlas todas para que continuara estando completo.

Como quiera que la visita de mi amiga se prolongaba bajé a la calle a tomar un café, por hacer tiempo, y a la vuelta entré de nuevo en la sala de espera. Algunos de los pacientes seguían allí y otros habían cambiado. Me senté en una silla libre distinta a la que había ocupado un ratito antes, desde ella,  la perspectiva que yo tenía de la sala era otra; la pequeña mesa de cristal, ahora despejada, estaba a mi lado y podía ver la estantería con los puzles destinados al público infantil. Me quedé mirando el suelo, está decorado con un hermoso mosaico de pequeñas baldosas en tonos pastel. Cuando mi vista seguía el trazado de una de las cenefas tropezó con una pieza del puzle que, extraviada, descansaba junto a las patas de la mesa de cristal.

Enero 30, 2010

Fábula

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Se quedó atrapada en el texto desde la primera línea. De inmediato se identificó con la protagonista. Sus vidas eran idénticas y se permitió improvisar. Cuando el  pensamiento la traicionó llamando policía al hada madrina y al baile real piso protegido, su hija, que conocía el cuento al dedillo, protestó:

― ¡Así no es mamá! Léelo bien.

Enero 18, 2010

Nueve Puertas

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Diciembre 26, 2009

Ritmo

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―¡¿Has visto eso cariño?!

―No, aun no.

Diciembre 10, 2009

Crédulos

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Un buen amigo me recomendó que para escribir paseara, que paseara mucho, que caminara por la naturaleza como si lo hiciera por un museo. Reconozco, mea culpa, que no he hecho demasiado caso. Estoy perezosa y últimamente apenas escribo. Ayer lo hice, pasear digo, que no escribir.

Mi casa está cerca de una vieja montaña en las laderas del Sistema Ibérico. Vieja, muy vieja, a poco que hurgues encuentras un dinosaurio. Pues bien, ayer me acerqué a contemplarla. Desde hace unos meses le están colocando una terrible diadema de aerogeneradores, le han aparecido unas largas calvas de asfalto y la línea de evacuación de energía parece la raya al medio de un peinado decadente.

Mientras yo miraba ese carnaval disfrazado de sostenibilidad me pareció que la montaña sonreía. Supongo que será por ignorancia, pero me es más fácil comunicarme con las cosas si les doy cualidades humanas. Creo que me miraba como quien mira a un ingenuo, ojo, que no inocente. Pienso que le hace gracia esta cultura sostenible, que ni es cultura ni es sostenible, porque sabe que, dentro de muy poco, seremos una anécdota, una línea más en su catálogo de especies extintas.

Hoy volveré para continuar esa conversación que ayer dejamos a medias, mejor dicho, para escuchar lo que la montaña quiere decirme y que yo, un simple ser humano, aunque viviera otros cien mil años, jamás entenderé.

Ella es sabia y tiene paciencia, mucha paciencia, y tiempo.

Noviembre 29, 2009

Percepción

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Me he soñado volando tan alto que lo azul se ha puesto negro; desde allí, era tan amplia mi mirada que he visto la razón que escondía cada gesto.girasoles

Una vida por delante
Lasse Halltrom

 

Octubre 31, 2009

Sosiego

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sosiego

Foto: Concha Sanjuan

Septiembre 18, 2009

Pálmaces de Jadraque

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Pálmaces de Jadraque, Guadalajara

Muchas gracias Villa de Pálmaces,

por ese amanecer.

Muchas gracias Villa de Pálmaces, por ese amanecer.

Julio 6, 2009

Pesar

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yo-copia2

De niña soñaba con ser invisible, con mirar sin que me viesen.
Ahora, que puedo serlo ocultando el punto verde, padezco mi deseo.

Mayo 15, 2009

Revivir

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Debió rehusar la invitación si le asustaba la idea de volver a verla. Nadie habría notado su ausencia, quizás ella. Seguramente será una línea más en una larga agenda de contactos que gestiona su secretaria. Veinte años siguiendo su carrera por la prensa. Comprando las novelas, instantes después de salir a la venta, para ver su foto en la solapa; la ha visto crecer, madurar y casi envejecer, a través de las tapas de sus libros.

—No estoy preparada Andrés, se paciente, dame más tiempo.

Y él, le da más tiempo una y otra vez.

El público abarrota la sala de prensa, centenares de seguidores y periodistas se arremolinan frente a la mesa de conferencias, y ahí está ella, erguida, ofreciendo a los fotógrafos una sonrisa de satisfacción. Por encima del bullicio, como saeta traicionera, el mismo perfume de su deseo adolescente.

—Te quiero, y sé que tu a mí también pero es un paso importante, tengo miedo Andrés, aún es pronto.

Y una noche más se funden en ese abrazo que consume el tiempo. Luego, en la soledad de su habitación, Andrés, espera el sueño oliendo a rosas.

Han cesado los flashes, ella se dispone a sentarse para atender las preguntas cuando, en un rápido barrido por el foro, sus miradas se cruzan, le reconoce, y su firmeza se tambalea. Comienza a responder con los ojos fijos en él como si estuvieran solos.

—Mañana nos vamos, trasladan a mi padre. Créeme, te recordaré siempre.

Las palabras se confunden con las espinas del aroma de rosas, y arañan el corazón enamorado de Andrés.

«Por supuesto que cada obra literaria tiene algo de biográfica, —le escucha desde el estrado—, escribimos lo que somos, y no se confunda, mi protagonista conoce el sexo de manera tardía no así el amor, que había descubierto en plena adolescencia. En cuanto a su pregunta de en qué coincidimos mi personaje y yo, le diría que ambas pensamos, —responde con una mirada interrogativa—, que el presente es buen momento para retomar lo aplazado en el pasado.»

Abril 10, 2009

Miradas

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Concha San Juan

Concha San Juan

Spinoza sabía que el lenguaje tenía cautivo al imaginario humano; que tras esa agudeza que creía hablar con libertad, se ocultaba la primera trampa esencial de la palabra: imponer, a quien hablara, la representación material y determinada de su imaginación.

Entendió que, para libertar al pensamiento, necesitaba conocer su génesis y dotar al verbo de expresión.

Por eso tomó su lente, aprendió a pulirla, y miró por ella.

Marzo 13, 2009

Página asesina

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El fallecimiento, aparentemente fortuito y sin rastro alguno de violencia de varios vecinos, ha puesto en alerta a la pequeña población de Tain, en las tierras altas de Escocia. En los corrillos, desde hace meses se comentaba la apertura de la librería de la Sra. Wallace como única novedad, y ahora se multiplican conjeturas sobre la causa de las muertes.

A pesar de la evidente normalidad, el detective Murray intuye una serie de homicidios, y desgrana, una y otra vez, los informes del forense buscando un vínculo. Los muertos no tienen en común edad ni sexo. Igualmente aparece un cadáver en su vivienda, como en un parque o jardín. Ni siquiera hay una correspondencia geográfica ni temporal que aporte alguna pista. No ha habido robo ni uso de fuerza en que basar su hipótesis. Tan solo una coincidencia: a todos les sorprendió la muerte leyendo, y a las tres de la tarde.

El Sr. Murray repiquetea con los dedos sobre su mesa mientras siente que algo se le escapa. Desde su ventana mira el escaparate de la librería. Un llamativo cartel recomienda, una semana más, leer a Cortázar.

Es la hora del almuerzo, la Sra. Wallace cierra la tienda. Como cada día la ve alejarse en dirección a casa. Siempre lleva algún libro en las manos, y aún en días nublados usa gafas de sol.

Las primeras horas de la tarde son siniestras en Tain. La gente camina con recelo temerosa de encontrar un cadáver en cualquier esquina. En el preciso instante que suenan las tres, en el reloj de la iglesia, la ciudad entera retiene el aliento. Impera el silencio, y al minuto siguiente, la calle vuelve a la vida en un suspiro unánime.

El detective agradece a la muerte un día de tregua, y sale a dar un paseo que clarifique su teoría. A eso de las cuatro, se encuentra con su vecina que vuelve a abrir la tienda. Le parece cansada y se ofrece a ayudarla.

En el interior, una pancarta a medio enrollar anuncia un cambio de negocio; sorprendido, pregunta a la Sra. Wallace si piensa cerrar la librería.

—Así es —contesta la mujer retirándose las gafas—, la colgaré mañana, pero créame, será lo mejor.

Y continúa.

—Mi marido empieza su lectura segundos antes de las tres, y hoy, se ha quedado a vuelta de página.

El Sr. Murray estampa en el suelo su hipótesis y clava los cinco sentidos en aquellos ojos, cubiertos de hematomas, donde se confunde el rojo con azules o amarillos.

cortazar

Febrero 25, 2009

La Serranía

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La Serranía se despereza con mañanas de escarcha, y sobre su tierra bruñida, estaqueada de olivos, algarrobos y almendros conviven costumbre y oficio, con  la reja que voltea barbechos. Sabinares y pinos perfuman su cara lavada con agua de lluvia y un reguero de montes, resiste cada día, y la viste de gala.

Las calles, adoquinadas de gallardía, ordenan un pueblo humilde que, a la fuerza y sin rubor, aprende a zurcir. Conquistas y derrotas se amontonan en los ribazos, y de sus entrañas de arcilla nace la dignidad que tapona las heridas.

La Serranía está viva porque su gente no afloja. Una ofensa continua amenaza su temple y viviendo en alerta se crece en coraje. El serrano madura con calma curtido en recelos; conoce su suerte y recarga sus fuerzas con la solana para encarar al futuro de cada presente.

Enero 18, 2009

Paciencia

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Desde que se jubiló ha cambiado su rutina pero no ha modificado su hábito. En lugar de acudir a la biblioteca de la facultad entre una y otra clase, ahora pasa sus horas libres en la biblioteca pública. Un sillón orejero, de cuero cuarteado y rojizo, que parece conservar la calidez que él mismo ha dejado el día anterior, se ha convertido en compañero inseparable de las tardes en los últimos meses. Le gusta estar rodeado de libros, palparlos, sentir su olor, que le hablen. Sobre todo, le gusta zambullirse en las biografías, curiosear la vida de filósofos, de científicos, de astrónomos. Saber cómo pensaban, cómo obraban, cómo fue su vida y qué parte de ella dieron u obtuvieron de las matemáticas, su verdadera pasión. Ha vivido por y para los números desde que los descubrió en la infancia.

Nunca se sintió un hombre solitario, pero lo cierto es que, salvo si encuentra un ex alumno, no tiene con quien compartir sus recuerdos. Justificó su soledad con el poco espacio que queda para el amor en un corazón lleno de fórmulas. Ni siquiera quiso amigos, de carne y hueso, más allá del campus. Viajaba solo, movido siempre por algún interés científico, y se enviaba postales de los lugares que visitaba para tener otra correspondencia que no fuesen facturas o extractos bancarios.

Hace una semana que, un par de horas antes de irse a casa, un aroma fresco de lavanda que no sabe de qué lo recuerda, reclama su atención y sin pretenderlo saca su mente del libro. Su mirada, en una reacción instintiva, se despega con pereza de las letras y se vuelve en dirección a la salida. Alcanza a ver el final de un morado pañuelo de seda, ondeando al viento de la puerta abierta, antes de desaparecer.

Hoy, está dispuesto a averiguar de quién es el olor y el pañuelo que le quita el sueño las últimas noches. No sabe porqué pero lleva unos días que todo huele a lavanda, que sólo ve luces moradas, que se sueña atado a un pañuelo de seda, recostado a un pañuelo morado de seda. Que cierra los ojos y un brillo morado lo envuelve en lavanda. Por primera vez en su vida pierde la concentración de un libro para fantasear con un pañuelo de seda.

Ha cogido una biografía, por supuesto, aunque sabe que esta tarde no podrá centrarse en su lectura, el único sentido que tiene en alerta es el olfato. El libro se abre al azar por una página en la que, algún extraño lector con sus mismas pasiones, dejó olvidada una vieja postal. Presenta una imagen de la nueva biblioteca de Alejandría. La reconoce al instante porque la visitó en su viaje a Egipto. Quería ver el mismo cielo que había despertado el sentimiento filosófico de Hipatia la hija de Theón, la misma de la que habla el libro que tiene en sus manos, y pasó unos días en Alejandría.

Con curiosidad, casi aburrida, mira el reverso de la postal. Fue enviada desde el Cairo en abril de 1980, casualmente la misma época en la que él anduvo por allá. Va dirigida a una tal María Teresa Gómez Lezcano y a una dirección que reconoce en la ciudad, pero que no existe desde que quisieron suprimir símbolos represivos y cambiaron el nombre de algunas calles; como si borrar la memoria fuera tan fácil.

En el cuerpo de la postal una frase, curiosa y precisamente, de Hipatia: “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”, y una pequeña firma casi ilegible, sin rúbrica, Mayte. Sin una despedida, sin un beso, casi una sentencia; como le gustaba despedirse a él.

Una repentina desazón ha invadido su cuerpo, se siente inquieto. No reconoce ese estado de ánimo. El viejo profesor se está poniendo nervioso, piensa mientras sonríe para sus adentros, un familiar olor a lavanda encamina su mirada a la puerta de salida, y de nuevo el reflejo morado de un pañuelo de seda es todo lo que alcanza a ver. En un impulso inédito se pone en pie. Deja pereza y rutina en el sillón orejero y sale a la calle.

Una mujer madura, en medio del paseo de la entrada, vuelve sobre sus pasos en busca del pañuelo de seda que el viento ha arrancado de su cuello y ha dejado enganchado a uno de los rosales. Ambos llegan al mismo tiempo al rosal. Permítame alcanzarlo”, dice el profesor, y ella se ruboriza y le da las gracias. Cuando le entrega el pañuelo y mira sus ojos, tan hermosos como el cielo de Alejandría, en un arranque de valor se atreve a decir:

Lorenzo Martín, para servirle.

Lo sé contesta la dama, María Teresa Gómez Lezcano, pero puede usted llamarme Mayte.

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Diciembre 21, 2008

Queridos reyes magos

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Hace años que os pido mis regalos de reyes de pensamiento, que no envío mi carta, y hace años que me traéis lo que os queda al fondo del saco. Probablemente vuestra magia no avance como las nuevas tecnologías y los deseos os lleguen con interferencias, no es vuestra culpa, lo sé, pero esta vez no voy a arriesgarme y lo pediré por escrito. magos

Quiero una brújula.

No vivo en el culo del mundo pero se ve desde aquí, no tenéis que molestaros en llegar a mi casa, no perdáis vuestro tiempo con eso. Podéis enviarla con un joven, alto y guapo al que le gusten las margaritas.

Nota: Dejo abierta la carta por si a alguien más le pasa lo mismo y quiere anotar su pedido. Prometo enviarla antes del cinco de enero.

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